Johan Rodríguez Perozo @johanperozo -Entre apretones de manos te veas | La política venezolana entre barrotes y espectáculos

Screen Shot 2015-10-17 at 7.31.31 PM16 octubre, 2015

El retorno de Manuel Rosales levanta una polvareda y deja muchas explicaciones pendientes

Entre bolas y especulaciones, a la angustia colectiva por el cambio del régimen, se suma una nueva incertidumbre

Mucha gente se pregunta: ¿a qué vino Manuel Rosales?

Con el régimen de Hugo Chávez, el país regresó a las catacumbas y la ignominia de la persecución política por razones fútiles. La conversión del entramado institucional del país en herramienta útil al proyecto político, trajo nuevamente consigo la perversión en la lucha política. Al igual que Chávez, a Maduro y sus conmilitones les dio por utilizar la tribuna pública para acusar, enjuiciar y condenar a sus adversarios políticos. En claro abuso de poder, ordenan a fiscales y jueces el encarcelamiento de todo aquel quien opine distinto al régimen. Setenta y nueve casos emblemáticos, adornan hoy la marquesina de los presos políticos del régimen. Entre éstos, resaltan dos por la notoriedad política alcanzada por ambos, Leopoldo López y Manuel Rosales.

Screen Shot 2015-10-17 at 7.37.40 PMDel primero diremos que, sin duda alguna, ha sido sometido a uno de los atropellos judiciales más escandalosos de los últimos tiempos. No sólo a un juicio sin bases sólidas para incriminarlo sino además, a una sentencia que será pieza destacada, con méritos suficientes para ser estudiada acuciosamente por expertos y estudiosos de la materia, cuando el país recupere la sindéresis judicial y haya que revisar aquellos entuertos, que le quitaron a la justicia venezolana su razón de ser. Por ahora, en aras de centrarnos en aspectos puntuales de nuestra reflexión, no haremos ningún juicio de valor en torno a la decisión personal de López de entregarse al aparato judicial del régimen de la manera como lo hizo. Acto que, por cierto, no ha escapado al juicio crítico de quienes conforman la acera opositora al régimen, lo cual ha dado origen a la montaña de especulaciones que adversarios y opinadores de oficio han levantado en torno a su iniciativa personal.

Screen Shot 2015-10-17 at 7.48.52 PMDel otro lado, está el reciente caso de Manuel Rosales. Acusado por el régimen de más de once delitos, relacionados fundamentalmente con temas asociados a la corrupción y manejo irregular de fondos públicos, decidió darse a la fuga, con la finalidad de no someterse a la ignominia de la justicia del poder. Sorprende Rosales a tirios y troyanos, cuando decide regresar al país, luego de seis años de exilio, para entrar en el turbión tribunalicio venezolano. De inmediato, alrededor de su caso surge cualquier cantidad de especulaciones. Las más ácidas, hablan de supuestos arreglos entre éste y el régimen. Lo cierto es que, más allá del interés de quienes detentan el poder por enjuiciarlo, el caso Rosales ha levantado una polvareda mayor en los predios opositores al régimen. También en el plano de la opinión pública en general, el caso ha motivado a mucha gente. Una oleada de epítetos en clave de descalificación, insultos y acusaciones, llueven a través de las redes sociales en contra del líder zuliano.

En aras de intentar una aproximación a la realidad política que circunda estos casos, de Manuel Rosales hay que decir que en su momento de gloria, muchos de quienes hoy lo insultan, antes lo convirtieron en objeto de adoración. A instancias de Julio Borges y Teodoro Petkoff, Rosales asumió el año 2006 la misión de intentar la derrota electoral de Hugo Chávez. Sería la primera vez en varios años, que la oposición al régimen vería surgir la posibilidad de construir la tan esperada trinchera de combate al aparato chavista, con un liderazgo debidamente legitimado al frente. Esa aspiración se estrelló contra la realidad de un resultado electoral adverso. Del Rosales de entonces se podría criticar lo que sería luego, en nuestra modesta opinión, un error repetido en su oportunidad por Henrique Capriles. Ambas figuras en circunstancias parecidas, habiendo sido derrotados por Chávez, en vez de asumir la inmensa e importante misión recibida con la legitimidad que da el respaldo popular, optaron por atrincherarse en la burocracia local y regional de una alcaldía y una gobernación, dando así al traste con la esperanza de un país expectante por un liderazgo que lo condujera de manera seria y responsable.

Hoy, cuando la figura de Rosales vuelve al rol protagónico, ahora en medio de diversas especulaciones, desde la trinchera opositora al régimen es de donde surgen los cuestionamientos más duros respecto a su sospechoso regreso. Son miles las cavilaciones al respecto, todas asociadas también a la dinámica generada por la disputa de liderazgo que se mantiene latente en la acera opositora, íntimamente asociada a los intereses congregados alrededor de la llamada Mesa de la Unidad Democrática. Rosales es el líder fundamental de Un Nuevo Tiempo (UNT), una de las agrupaciones dominantes en la MUD. Es en ese escenario donde, al parecer, no se han dado las explicaciones suficientes en torno a su decisión de regresar, sobre todo en un momento donde calificados voceros han señalado el acto como algo impertinente, de cara a las elecciones de diciembre. Por supuesto, no ha faltado quienes en el mismo sector señalan que el regreso es una manera de competirle el liderazgo a López, detrás de los barrotes y a Capriles, Machado y Ledezma y “otros”, desde el espectro de los medios. En la misma tónica, quienes sugieren un arreglo subrepticio con el régimen, señalan que su entrega conlleva la clara intención de ayudar a tapar los verdaderos problemas que aquejan a la gente, llevando de esta manera agua al molino oficialista.

Lo cierto del caso es que Manuel Rosales está aquí y ya ha sido apresado. Ahora comenzaremos a ver a otro venezolano más, sometido al infame ruleteo en que han convertido la justicia venezolana. Acerca de cuáles serían las verdaderas motivaciones que lo indujeron a seleccionar este momento para regresar al país en las condiciones ya conocidas, será él y sus más allegados colaboradores quienes tendrán que despejar el mar de dudas surgidas alrededor del caso. Para algunos Rosales hoy protagoniza un nuevo acto de valentía. Para otros, su entrega a las fauces del régimen no es más que una maniobra política que busca afectar el resultado electoral de diciembre. Pero la política venezolana es así, nunca será aburrida, puesto que siempre habrá elementos de distracción para todos los gustos. Finalmente, como corolario del tema se hace necesario expresar,

¡qué falta hace en el liderazgo de hoy, una conducta similar a lo que mostraron los protagonistas señalados en los dos párrafos iniciales!