KARL KRISPIN / @KKRISPIN | Dime dónde firmo

La MUD al igual que D’Artagnan ha dicho como Athos, Porthos y Aramis, uno para todos, todos para uno, zigzagueando los floretes sobre que tanto la renuncia, la enmienda y el revocatorio valen lo mismo y se ponen en acción. Solo que nuestros mosqueteros de hoy, AD, PJ y VP no se enfrentan al temible y sagaz cardenal Richelieu sino al Delfín Nicolás Maduro. Pero las tres «todas para uno» no surten el mismo efecto. Nico ha dicho que no renunciará por lo que tanta movilización y agite público no hará sino agotarnos de antemano y devaluar la calle. La enmienda es jurídicamente un disparate porque las leyes no tienen carácter retroactivo y hay derechos generados a favor del presidente de la República. La única vía sensata, lógica, multitudinaria y constitucional es el referéndum revocatorio. Y hay que celebrar que haya comenzado a accionarse.

Después de 17 años de oprobio no perdamos la perspectiva ahora que estamos cerca de obtener un cambio de gobierno por la calle del derecho. El revocatorio es por lo demás un camino consensuado por gobierno y oposición en términos de su legitimidad. A Maduro hay que despedirlo con el entusiasmo incuestionable de los votos. Y con él a toda su era desdichada y retrechera, pronto ya parte de la historia más gris de la República.