KARL KRISPIN @kkrispin | El bullying constituyente

La escena que describo ha sucedido repetidamente. Un conductor sale de su casa y se encuentra con una barricada colocada por los vecinos. Pide seguir y le responden que estamos en trancón y en protesta. Los ánimos se caldean, hay insultos y violencia. El vehículo logra pasar porque la persona que solicita continuar derriba los obstáculos. Nunca he estado de acuerdo con trancas ni guarimbas. Fundamentalmente por inútiles y por poco democráticas. La oposición no puede hacerse daño a sí misma.

En estos días, la principal de Prados del Este estaba bloqueada por unas trincheras de revista, pero había salida por una de las paralelas. ¿Tiene algún sentido esto? Es como si yo llegara a mi casa, inutilizara los accesos, me encerrara a mí mismo y me dijera que el gobierno va a caer. ¿Por qué no son democráticos estos métodos? Tenemos 19 años luchando contra un sistema de imposición de una agenda política. Nos enfrentamos al unanimismo y al pensamiento unitario. En consecuencia, no podemos caer en obligar una agenda exclusiva obstruyendo calles y cercenando los derechos del libre tránsito. Imaginemos un trancón sin barreras y solo por consentimiento. Vaciemos las calles sin el gendarme necesario, solo por convicción.

El comunismo no ha triunfado en Venezuela gracias a que no nos lo hemos dejado imponer. Al contrario de lo que sucedió en Cuba, que Castro ordenó su patrón aniquilador y genocida sin que nadie chistara. Pero la defensa de la libertad debe ser ejercida sin coacciones y sin violar los derechos de terceros de participar o no de la protesta. Como demócratas no podemos presumir de tener todos la misma opinión. En lo personal, creo en la MUD y en su fórmula política expresada en la AN. No coincido con los espontáneos ni la antipolítica. De esta última ha nacido el oprobio de los últimos 19 años en Venezuela.

La polarización y la intemperancia vienen por el bullying que la ciudadanía ha recibido de sus gobernantes en estos años. El insulto, la vulgaridad, lo soez, la humillación colectiva han sido parte del trato articulado que hemos recogido. Eso lo hemos interiorizado y de allí la crispación que presenciamos a diario en el país de la convulsión. La propuesta de una asamblea nacional constituyente violatoria de la Constitución no es ningún instrumento de paz. Es la confirmación definitiva del pensamiento único y el desmantelamiento de la República. Es la gran arremetida de los buleadores convertida en ofensa. Ante esto, no imitemos el método de los enemigos de la libertad sino exijamos con la certeza ética que nos asiste que se retire la convocatoria. No votaré por esa mojiganga. No firmaré el acta de defunción de la República en ese carnaval bolchevique, vil y extemporáneo.