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La Guerra Civil española resucita dentro de una maleta

El País  México DF 18 OCT 2013

Screen Shot 2013-10-20 at 9.44.33 AMLa exposición ‘La maleta mexicana’ exhibe por primera vez en México las fotografías perdidas que Robert Capa, Gerda Taro y ‘Chim’ tomaron en la Guerra Civil española
Esta es una crónica través de las imágenes y su historia
FOTOGALERÍA La guerra escondida en la maleta

En pleno corazón de la Ciudad de México, justo en frente de las ruinas de lo que fue el epicentro del imperio azteca, se encuentra el Antiguo Colegio de San Ildefonso, fundado por los jesuitas en 1588 y considerado una de las muestras arquitectónicas más sobresalientes de la capital. El que fuera el mayor núcleo de poder prehispánico en Mesoamérica y la institución educativa más importante de la Nueva España siguen hoy unidos y enfrentados. Compitiendo, esta vez, por captar turistas. Si el templo es visita obligada para apreciar el México prehispánico, el Colegio lo es por los imponentes murales y las prestigiosas exposiciones que alberga. La última es un buen ejemplo: Las fotografías de la Guerra Civil española de los legendarios corresponsales de guerra Robert Capa, David Seymour, alias Chim, yGerda Taro por fin aterrizan en la ciudad en la que estuvieron escondidas durante más de 70 años. En palabras del escritor Juan Villoro se trata de “un ejemplo sin precedentes de resurrección de una época histórica”.

Screen Shot 2013-10-20 at 9.45.50 AMEsta historia comenzó en 1936, el año en el que, a decir de los historiadores, España fue el corazón del mundo. Los militares nacionalistas declararon la guerra al Gobierno de la República y dieron comienzo a un conflicto de tres años que para muchos sintetizó la pugna ideológica mundial entre fascismo, comunismo y democracia. Escritores, periodistas, fotógrafos y voluntarios de todos los continentes vivieron la guerra como una lucha de resistencia y acudieron como voluntarios para apoyar al bando republicano. Para aquella generación de intelectuales entre los que se encontraban Hemingway, Orwell, Neruda o Malraux, el futuro de la humanidad se jugaba en España. “Nunca en la historia ha vuelto a ocurrir algo semejante”, reflexiona Villoro.

Los periodistas de entonces no venían solo a informar, sino a implicarse en la lucha con sus escritos, con sus fotografías e incluso con un fusil (como fue el caso de Siqueiros, de Orwell o del cubano Pablo de la Torriente Brau). Entre ellos había tres jóvenes fotógrafos judíos de poco más de 20 años destinados a convertirse en grandes figuras del fotoperiodismo del siglo XX: El húngaro Robert Capa (1913-1954), el polaco David Seymour alias Chim (1911- 1956) y la alemana Gerda Taro (1919-1937). Sin sus imágenes es imposible entender el periodo más convulso de la historia de España.

Aunque los tres publicaron parte de su obra en la prensa de la época, al finalizar el conflicto la mayoría de sus negativos se consideraron perdidos para siempre. En 1939 Madrid estaba cercado y la causa republicana se hallaba debilitada. Capa huyó a Estados Unidos y, temiendo ser acusado de simpatizante comunista, dejó sus negativos a cargo de su amigo y ayudante, un emigrante judío de nombre Csiki Weisz que los ordenó y catalogó minuciosamente en tres cajas de cartón. “Pobrablemente Csiki entregó el material a algún combatiente con la petición de que lo pusiera a salvo”, explica Villoro. Las cajas fueron a parar a las manos del embajador de México en Francia, Francisco Aguilar González, un general despistado que no les dio mucha importancia. Ante el avance de Hitler en Europa, el embajador regresó a México. Su maleta hizo el mismo recorrido que 20.000 exiliados españoles acogidos gracias a la labor del presidente mexicano Lázaro Cárdenas, el único mandatario americano que había apoyado a la República.

Debido al despiste del general y a diversos azares, el material fotográfico permaneció oculto durante más de 70 años. Por fin, el público mexicano podrá ver el tesoro perdido en la capital. La exposición se inauguró el pasado 8 de octubre y se podrá visitar hasta el 9 de febrero. Durante estos meses se llevarán a cabo numerosas charlas, conferencias y proyecciones de cine y documentales sobre el conflicto español.

Los negativos develan la profunda cobertura que hizo Chim al comienzo de la contienda, la intrépida documentación de Taro, que murió atropellada por un tanque en 1937, y el emblemático reportaje de Capa, cuyas imágenes se convirtieron en símbolo de la lucha antifascista mundial. La exposición ordena cronológicamente los acontecimientos a través de tres salas que emulan un ambiente oscuro, decorado con los colores rojo, amarillo y morado de la bandera republicana. Varios textos y videos explicativos contextualizan las fotografías, pero la historia de los negativos pasa casi inadvertida. Villoro culpa a los organizadores: “Me sorprende el desinterés del Centro Internacional de Fotografía de Nueva York por la historia de estas fotos. Tienen una visión colonial de la cultura”.

“Creo que esta exposición es muy importante para México. Estas fotos hablan de la memoria y la identidad. Y eso nos toca a todos”, comenta la curadora Trisha Ziff, la verdadera responsable de que estas fotos salieran a la luz. Ziff encontró los negativos en México, los llevó a Nueva York para su catalogación y dirigió el documental, La maleta mexicana(2011), que dio a conocer la historia en todo el mundo. Su filme se proyectará varias veces en la sala II República, acondicionada en el Colegio de San Ildefonso.

Las instantáneas nos van introduciendo en la historia desde el estallido del conflicto en 1936. El ambiente festivo y militante, Lorca en sus últimos días madrileños, la Pasionaria incendiando al pueblo, los primeros bombardeos franquistas, las víctimas mutiladas, los milicianos corriendo y disparando entre las trincheras, los héroes del momento -el famoso Hemingway conversando con el dirigente republicano Enrique Líster, André Malraux encabezando el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia-, la esperanza de los recién llegados y el posterior desengaño en tantos rostros. Y finalmente, el dolor de la derrota, el largo camino hacia el exilio y el horror reflejado en los campos de concentración de Francia.

También vemos a la mítica pareja: Gerda Taro posando para Chim, con gesto travieso y coqueto, con sus ojos brillantes y su pelo corto que la asemeja a la María de Por quién doblan las campanas, la gran novela de Hemingway. A Capa con su mirada chulesca y seductora, su cigarrillo en los labios y sus gestos de gangster italiano.

Cuando Taro murió, en plena batalla de Brunete, Robert quedó devastado, se deprimió mucho y nunca más volvió a tener una relación estable con una mujer. Pero siguió cubriendo la guerra hasta el final. Al igual que Chim y Taro, pensaba que su trabajo podría cambiar la historia. Y en parte así sucedió: Sus fotografías mostraron el horror de la represión franquista y, gracias a ellas, miles de personas tomaron conciencia, arriesgaron todo y acudieron a España para combatir el fascismo. “Es una gran historia. Pero es real”, cuenta emocionada Anna Winano, asistente de Cornell Capa. “Eran gente maravillosa. Los mejores”.

Screen Shot 2013-10-20 at 9.48.35 AMDe todo aquello solo quedan las instantáneas que congelaron la lucha, el compromiso y la leyenda. Pero también un gran enigma que sigue sin respuesta: ¿Resuelven los negativos la incógnita de la famosa foto del miliciano de Capa?

La imagen, del 5 de septiembre de 1936, capta a un anarquista bravucón de 25 años cayendo abatido en un cerro cordobés. A muy pocos metros, un fotógrafo húngaro de 23 años, carismático, mujeriego y valiente, captó una fotografía que se convertiría en el emblema de una época. La mayoría de los expertos ponen en entredicho la veracidad de la foto, aseguran que era un entrenamiento, un simulacro e incluso una pose teatral. “En el fondo me alegro de que entre los negativos no esté el del miliciano abatido”, añade Ziff, “porque esa foto hubiera acaparado toda la atención y hubiera eclipsado el resto de la historia”. ¿Realidad o ficción? Poco importa. “Todo eso es interesante, pero no importante” resumió Benjamín Prado, “en la fotografía, como en el arte, lo que importa no es lo que las cosas son, sino lo que simbolizan”.

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