Lenín Moreno | Hay que cuidarse de los disfrazados de demócratas que tienen intenciones dictatoriales

El presidente de Ecuador dice que Assange no puede interferir en la política de otros países

El presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, ha redoblado este martes durante su visita oficial a España las críticas contra su antecesor y antiguo aliado Rafael Correa. Sin mencionar directamente al exmandatario (2007-2017), de quien fue vicepresidente, Moreno se ha referido para atacar a Correa al Congreso de los Diputados de Madrid y al intento de golpe de Estado del 23-F en 1981 —siempre ese tipo de personas [los golpistas] pueden estar—, del que todavía se conservan los disparos de los asaltantes en el techo del hemiciclo. Hay que tener mucho cuidado con el autoritarismo y con quienes se disfrazan de demócratas, pero tienen intenciones dictatoriales, ha dicho en referencia a la ofensiva del expresidente contra el actual Gobierno, al que acusa de haber traicionado su legado por plantear una política más abierta frente a la oposición, entre otras medidas.

[Correa] tiene una mala impresión de mí. Yo, sin embargo, mantengo un buen concepto de él. Pero es probable que ambos estemos equivocados, ha bromeado el mandatario durante una rueda de prensa en la Casa América de Madrid, acompañado entre otros por el ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis. No me gustan aquellos que tratan de disfrazar de democracia las dictaduras, ha arreciado en la ronda de preguntas. El Gobierno ecuatoriano ha convocado un referéndum el próximo 4 de febrero y uno de sus siete puntos propone prohibir la reelección indefinida. De aprobarse la propuesta, la ofensiva de Correa, quien ha abierto la puerta para su regreso a la presidencia en 2021, quedaría prácticamente sin fuelle. El ex jefe de Estado ha denunciado la consulta ante la Organización de Estados Americanos (OEA) como parte de una grave alteración del orden democrático.

La política exterior de Moreno es otro de los puntos con los que ha roto con su antecesor. Con respecto a la interferencia en la crisis de Cataluña del fundador de Wikileaks, Julian Assange, asilado en la Embajada ecuatoriana en Londres desde 2012, ha manifestado: El señor Assange se benefició del asilo en nuestra embajada. Ecuador no tiene la pena de muerte. Pensamos que independientemente de lo que haya hecho tiene derecho a la vida. El Gobierno ecuatoriano ha sido extremadamente generoso y esperamos que haya correspondencia con ese comportamiento. Le hemos dicho que su condición de asilado no le permite interferir en la política de otros países.

Frente a la deriva autoritaria de Venezuela y la amenaza del presidente Nicolás Maduro de vetar a la oposición en las elecciones presidenciales del próximo año, en las que él mismo será candidato, ha dicho: Es evidente, y creo que muchos tenemos esa sensación, que hay demasiados presos políticos y muchos muertos. Más de 100 son demasiados. La ola de protestas antigubernamentales de este año dejó más de 120 fallecidos, según la Fiscalía. Pero Moreno matizó cuál debe ser el papel de los Gobiernos latinoamericanos ante la crisis económica y política del país vecino e hizo un llamamiento a no intervenir directamente: Hacemos bien en respetar que los pueblos encuentren su propio camino.

Moreno ha criticado lo que denominó como endogamia política, es decir, el rechazo de los partidos a dialogar con sus opositores, que le ha valido las principales críticas de Correa. El expresidente, quien en entrevistas recientes ha recalcado que Moreno no es de izquierda sino de centroderecha, ha profundizado la disputa con su sucesor tras la condena de Jorge Glasnúmero dos del Gobierno en los mandatos de ambos líderes, a seis años de cárcel por recibir 13,5 millones de dólares en sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. La condena forma parte de una lucha contra la corrupción emprendida por Moreno, que Correa tilda de persecución política. A esto se suma el descubrimiento de la actual Administración de un desfase de la cifra oficial de la deuda pública, que Correa fijó en 27.871 millones de dólares, pero que resultó ser en realidad de al menos 41.893 millones.

El presidente, que cumple siete meses en el poder el próximo día 24, ha admitido que su país se encuentra muy dividido. Además de ganar las elecciones del pasado 2 de abril con apenas el 51,16% frente al 48,84% del líder opositor, el banquero Guillermo Lasso, la fractura con Correa ha sumado polarización a Ecuador. En noviembre, el exmandatario regresó al país haciendo sonar tambores de guerra: No permitiremos que los traidores se tomen Alianza PAÍS (la formación en la que ambos políticos militan). Tal vez tenemos menos, pero seremos más. De esta crisis, volveremos a las raíces, a las calles, al pueblo. A menos de un mes del regreso de Correa, el partido oficialista había cesado como su presidente a Moreno.

En un gesto ambiguo, que bien podría ser un guiño a la reconciliación o un ademán de desafío, el presidente ecuatoriano ha lanzado sobre la ruptura con su excompañero: Se está hablando demasiado del pasado. ¿No sería mejor hablar ya del futuro?