Share this:

" />
Los EDITORIALes @analitica | ¿ Vale la pena seguir luchando en Venezuela? ı ¿El régimen está atrincherado para librar su última batalla?

Screen Shot 2016-05-06 at 11.18.01 AMMAYO 6, 2016

Esa es la pregunta que a diario se hacen millones de venezolanos agobiados por un gobierno que lo único que ha logrado, con relativa eficacia, es maniobrar para permanecer un rato más en el poder.

Es lógico que la gente sienta angustiada y se deprima al ver que nada mejora y el país se cae prácticamente a pedazos por una mezcla tóxica de corrupción, ineficacia y prepotencia.

Pero a pesar de que las cosas, como se dice coloquialmente, están mal y que aún pueden ir peor, esa es precisamente la razón que nos obliga a luchar, si queremos tener país y no emigrar como única opción.

A pesar de las amenazas, de las burlas, de las intimidaciones, una oposición unida cuya mejor expresión es el reencuentro fraterno en la lucha de Leopoldo López y Henrique Capriles, abre un nuevo camino para enfrentar, en todos los terrenos, a un régimen decadente. Ejemplo evidente de ello fue el madrugonazo de la recolección de firmas para solicitar el inicio del proceso revocatorio. Que más de dos millones de venezolanos se hayan atrevido a hacer largas colas y estampar su firma, poner su huella digital y dar su número de teléfono es un signo esperanzador de que sí vale la pena luchar y que esos venezolanos no son los únicos que aman a su país y que quieren algo mejor para ellos, sus hijos y nietos.

Por supuesto la maniobra del gobierno es, como siempre, la de desanimar con amenazas y bloqueando con lo que pueden el desenlace pacífico y democrático. Pero no se dan cuenta de que no sólo estamos dispuestos a recoger los millones de firmas que nos pidan, sino también a salir a las calles para exigir, pacíficamente, que se nos respete y que no jueguen con nuestra paciencia al pretender negarnos nuestros derechos.

Sí vale la pena luchar por el país al que todos amamos, no sólo porque nacimos o vivimos aquí, sino porque al lograr superar esta pesadilla, volveremos a ser la nación, que con todas sus imperfecciones, fue amable, hermosa, generosa y entretenida.

Unos pocos desadaptados sociales, enloquecidos por el poder y la riqueza mal habida, no van a lograr detener la fuerza de un pueblo que quiere volver a vivir en paz y con esperanza de que si se puede tener un mejor futuro y dejar atrás el desastroso presente que nos ha dejado el mal llamado socialismo del siglo XXI.

La respuesta a la pregunta que se formula en este editorial es sí, sí vale la pena seguir luchando por Venezuela.

Iguales rojas en azul copy

Screen Shot 2016-05-06 at 11.12.41 AMMAYO 4, 2016

 

Recientemente, en un artículo de prensa, el ideólogo del socialismo del siglo XXI, Heinz Dieterich, publicó su análisis sobre las difíciles circunstancias actuales del país y las comparó equivocadamente con la batalla de Stalingrado, porque la comparación más adecuada sería la batalla de Madrid en la guerra civil española, o la línea Maginot en la Segunda Guerra Mundial. El problema con Dieterich es que plantea el ejemplo en términos ideológicos comparando la -por demás heroica- resistencia del pueblo soviético, con una presunta diferencia de visión entre dos líderes militares del chavismo, sin darse cuenta que la resistencia en las trincheras es la de un régimen que se niega a entender que perdió y el asedio no lo realizan fuerzas fascistas, como pretenden hacer creer, sino la inmensa mayoría del pueblo venezolano.

Ante esto la retórica revolucionaria es repetir el tristemente famoso lema de “no pasarán”, aunque los que hoy gobiernan a Venezuela tienen poco o nada en común, ni con los republicanos españoles, ni con el pueblo soviético.

Los que resisten y cada día acorralan más a un régimen desprestigiado por la corrupción, la ineficiencia y la incapacidad manifiesta de gobernar, son venezolanos de toda laya, que van desde antiguos chavistas, hasta demócratas de las diferentes corrientes políticas existentes en el país.

El denominador común de todos los que quieren el cambio es retornar a un país en paz, sin exclusiones, que funcione y que garantice seguridad y trabajo para cada uno de los venezolanos, sin distingo del color político al que se adhieran.

Por más que se atrincheren, por más que mal usen los poderes del estado para detener el cambio, no lo lograrán y si no entienden, como ya parecen comenzar a dilucidar algunos en el bloque oficialista: que tienen que dejar libre el camino para proceder a los cambios que el país requiere y exige, desaparecerán para siempre de la vida política venezolana.