Los Pujol, retrato de una familia corrupta

(…) El día en que se descubrió la farsa comenzó una nueva vida para los Pujol-Ferrusola. Ya no eran intocables. Se publicaban artículos sarcásticos, irónicos, duros y críticos hasta en La Vanguardia, que según rezongaba Marta Ferrusola, no hubiera sobrevivido al actual conde de Godó sin las inyecciones de subvenciones y publicidad de su marido, es decir, de la Generalitat de Cataluña. El episodio del bautizo en la Cerdaña marcó el inicio de esa nueva fase en la vida de los Pujol-Ferrusola. Por primera vez ya no eran intocables, ya no disponían de la cobertura absoluta de los Mossos. Solo el padre disponía de ese privilegio.

Jordi Pujol y Marta Ferrusola no pudieron asistir a la ceremonia, al bautizo de su bisnieta, hija de un hijo de Jordi Pujol Ferrusola y su exmujer, Mercè Gironés. El marcaje periodístico era del calibre de una Lady Di, así que Jordi Pujol y señora optaron por no dejarse ver en la ceremonia. Eso sí, algunos de sus acompañantes inutilizaron los coches de la prensa.

Unos veraneantes pusieron en la pista a los periodistas sobre el lugar donde se celebraría la ceremonia y el convite. Un pequeño pueblo de la Cerdaña (Lles) acogió el evento, desafinado y triste, con la presencia de la familia mexicana de Jordi Pujol Ferrusola, los García de Quevedo,unos auténticos potentados que no salían de su asombro ante los modales de los Pujol Ferrusola frente a los periodistas, a los que amenazaron, insultaron y llegaron a zarandear.

(…) Cuando Pujol determinó que era mejor dar la cara, ya era demasiado tarde. (…) A partir de ahí, la estrategia judicial, legiones de letrados y los primeros disparos de una batalla que durará años y que Pujol ya casi ha logrado convertir en una nueva agresión de España a Cataluña.

Pujol no se arrepiente de casi nada, de un par de cosas tan solo. Dicen sus admiradores que es un hombre de rigurosos exámenes de conciencia, que no se perdona ni una falta, que no pasa por alto ninguna de sus debilidades y que lucha denodadamente contra las tentaciones.Sin embargo, le abate no haberse dedicado más a los hijos y también haber emitido la nota en la que confesaba la existencia de una herencia oculta en Andorra durante más de tres décadas.

Tres son las tesis más extendidas sobre la caída en desgracia de Pujol: la presión de la Agencia Tributaria y los servicios secretos, la influencia supuestamente nefasta de su mujer y la voracidad de sus hijos, que es la más extendida, y una tercera que atribuye toda la responsabilidad al denominado sector negocios de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC).

La primera teoría se alimenta de la animadversión personal que se profesaron Narcís Serra, a la sazón vicepresidente del Gobierno de Felipe González, máximo responsable de los servicios de inteligencia y a quien Pujol imputaba todas las pesquisas, indagaciones e investigaciones sobre él y su familia. Primero a cuenta de la quiebra deBanca Catalana y posteriormente en relación a las actividades de sus hijos.

La posibilidad de que los servicios de inteligencia del Estado hayan tenido algo que ver en la situación de la familia Pujol-Ferrusola demuestra, a juicio de sus defensores, que la caída en desgracia a poco más de un mes de la Diada ha sido una maniobra muy sutil y medida de las cloacas del Estado. (…) La actualidad catalana de las dos últimas décadas del siglo pasado y las dos primeras del presente alberga nombres como los de Mikel Lejarza, alias «El Lobo», que trabajó para el conde de Godó, propietario de La Vanguardia y protagonizó un sonado escándalo; como el de Javier de la Rosa y nombres de agencias privadas y no privadas, como el Mossad, el CESID y ahora el CNI. Barcelona ha sido un nido de espías y exespías que durante muchos, muchos años se aprovecharon de la obsesión enfermiza sobre el espionaje que el nacionalismo pujolista extendió en los sectores decisivos de la sociedad catalana: las empresas, los partidos, los medios de comunicación y hasta los clubes de fútbol. Nadie que haya tenido una cierta relevancia social, política o económica ha sido ajena a una suerte de psicosis que condujo y conduce a empresas, partidos y todo tipo de organizaciones a intentar disponer de información sensible de la competencia, de los rivales y de los aliados, sobre todo de los aliados.

La segunda tesis, la «psicológica», es la más extendida, a la par que sostenible con datos contrastados, de índole fiscal, financiera, contable, patrimonial, material. El vil metal, principio y final de la historia de los Pujol-Ferrusola.

(…) La esposa de Pujol, en «calidad» de madre y padre habría sido la responsable de los aspectos más agrestes y montaraces del carácter y los negocios de los hijos. Y el enriquecimiento, una suerte de compensación por haber crecido «huérfanos». Si Jordi Pujol es un enigma, Marta Ferrusola es un misterio del que sólo se conocen retazos, anécdotas. Acaso la más conocida sea la del disgusto que se llevó durante la visita del Papa San Juan Pablo II a Montserrat. La negativa del Vaticano a validar las aspiraciones nacionalistas nunca fueron bien encajadas por los Pujol, un matrimonio cada vez más crítico con la jerarquía eclesiástica y con el Vaticano. Por muy aparentemente confesional que haya sido Convergència, y no digamos Unió, sus relaciones con la Iglesia han oscilado entre la complicidad con el clero nacionalista y la enemistad abierta, directa y frontal con la curia no nacionalista, la «iglesia española» y los designios del Obispo de Roma para las sedes episcopales catalanas. La patria antes que Dios.

La tercera hipótesis abunda en la responsabilidad del denominado «sector negocios» de Convergència, el núcleo de dirigentes y afines que estructuraron sistemas de financiación de las actividades del partido como el denominado caso Casinos, que estalló un año antes que el caso Filesa.

(…) Artur Suqué, Javier de la Rosa, Lluís Prenafeta, Macià Alavedra, los Sumarroca y algunos de los hijos de Pujol. Muchos de ellos cayeron en servicio y posteriormente en desgracia. En el ojo del huracán de los partidarios de esta explicación está el nombre de Lluís Prenafeta, el gran artífice de TV3, el primer empleador, a través de su hermano Isidor, del hijo mayor de Pujol. El que «descubrió» a Mas y lo ofreció como mal menor ante Josep Antoni Duran Lleida y a la espera de que Oriol estuviera en condiciones de ser candidato a la presidencia de la Generalitat, seguramente en una autonomía muy diferente política y socialmente a la que se encontró su padre, cada vez más extraña a España, más de espaldas al resto del país, más ensimismada y donde el nombre de Cataluña lo blanqueaba todo, desde el saqueo de las instituciones, el desvío de fondos, los contratos irregulares, las adjudicaciones sin publicidad, las subvenciones a los amigos, parientes y a los de probada fidelidad nacionalista».