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Lucha de clases / por Armando Durán

http://contraestoyaquello.com/ 20 nov 2013

Screen Shot 2013-11-20 at 10.34.06 AMMediante un acto de rutina administrativa, en la Asamblea Nacional, convertida para la ocasión en salón de fiestas tumultuario y alborotado (desde hoy mismo sólo para eso servirá nuestro Poder Legislativo, para hacer ruido), los 99 diputados del oficialismo finalmente le otorgaron a Nicolás Maduro poderes absolutos para gobernar Venezuela a su antojo. Sin discusión, por supuesto, porque desde hace años la Asamblea dejó de ser el espacio natural para los grandes debates políticos. Poderes absolutos que a su vez recibió Maduro, visiblemente feliz, en un acto de masas que tuvo lugar en Miraflores, lugar y oportunidad en el que había anunciado que formularía anuncios que incidirían decisivamente en el futuro inmediato del país.

No obstante esta advertencia, llegado el momento culminante de esta guerra anunciada contra la usura y la especulación, nada aclaró Maduro sobre cómo pensaba utilizar la ley Habilitante para alcanzar su principal meta del año 2014, que no es otra que la imposición de un nuevo orden económico, cuyos primeros pasos ha venido adelantado durante estos últimos días con sus drásticas medidas para liquidar definitivamente lo que ha calificado genéricamente como burguesía apátrida y parasitaria.

En sus dos intervenciones de esta noche de gloria por venir, la primera en el Salón Ayacucho a la hora de estampar su firma sobre la ley aprobada pocas horas antes, y luego, al reunirse con el grupo de partidarios que acompañó a los diputados rojos-rojitos en su caminata desde el Palacio Legislativo Federal hasta el de Miraflores para llevar y entregar personalmente el documento.

“Me han dado una mano de hierro”, afirmó Maduro pluma y texto de la ley en ristre. Después lanzó otra vez su amenaza de estos tiempos de ley Habilitante: “Estoy planificando una ofensiva estremecedora… Lo que han visto es poco para lo que vamos a hacer para defender a este pueblo y sus derechos.” Nada más se sintió obligado a añadir. Apenas la promesa de que en los próximos días (siempre mañana y los próximos días), presentará pruebas contra los enemigos del pueblo, agrupados en Consecomercio, Fedecámaras y similares, para llevar a cabo actos locos como la guerra económica contra Venezuela y un supuesto gran apagón nacional el 8 de diciembre para sabotear las elecciones municipales. En vista de ello, tomará las medidas pertinentes para castigar (sin arrepentimientos que valgan) y erradicar de la faz de Venezuela el gran vicio del imperialismo y sus lacayos nacionales de seguir explotando despiadadamente a los venezolanos.

Sin la menor duda, este súbito y fulminante ataque contra los empresarios del comercio (los otros, lo de la producción, prácticamente ya han desaparecido), cuya razón de ser también sin la menor duda habría que buscarla en la “desesperación” de Maduro en su afán por superar una peligrosa falta de liderazgo, agravada últimamente por el descontento general de la población ante la inflación galopante y la escasez de casi todo en vísperas de acudir a las urnas electorales, poco tiene que ver en realidad con la economía. Su intención tampoco es del todo electoral. A fin de cuentas, lo que en verdad anima a Maduro a emprender esta cruzada agónica contra sus enemigos internos y externos son razones exclusivamente políticas e ideológicas: a punto de desaparecer la clase productora nacional, ahora le corresponde su turno a los hombres y mujeres del comercio.

Desde esta perspectiva, la quinta ley Habilitante del chavismo debe ser interpretada como lo que es, una declaración formal de guerra a muerte contra lo que aún hay en Venezuela de libre empresa. Eso que antes, cuando los campos ideológicos estaban perfectamente delineados y el mundo se debatía en medio de una atroz guerra fría que a veces se tornaba muy calientes, todos coincidían en llamar guerra de clases.

Aunque a muchos venezolanos les perturbe la idea de reconocer esta realidad, luce irrefutable que ayer, en la Asamblea Nacional y el Palacio de Miraflores, se dio la largada a esta conflagración social entre democracia y socialismo marxista-leninista. Y que por mucho que algunos dirigentes políticos de la oposición, por incomprensible ingenuidad o simplemente por oportunismo, prefieran apartar la mirada de un cadáver tan poco exquisito como el que va quedando tras 14 años de revolución bonita, y por mucho que pretendan seguir haciéndose los locos, guerra de clases es lo que a partir de hoy tenemos entre manos. Lo demás, queridos amigos, son puras pendejadas.