LUIS CHUMACEIRO El Libertador
Sábado 2 de Agosto de 2014 | TalCual

Screen Shot 2014-08-02 at 2.26.22 PMFui a matiné de Trasnocho para deleitarme con una nueva película sobre la vida de Bolívar.

Pensé que el banquete estaba servido por el hecho de una oferta actoral digna de reconocimiento.

No imaginé que la forma se impondría sobre la sustancia y presenciaría una producción verdaderamente excepcional dirigida a asesinar a la historia.

Para que me entiendan mejor, este film está más cercano a Lincoln Cazador de Vampiros que al Lincoln de Spielberg; y conste que ninguna de las dos me agradó, una por vincular al actor histórico con situaciones fantasiosas y la otra por despreciar eventos esenciales en su trama. Es verdad, el público que acude al cine busca un momento de distracción y no una clase de historia pero teníamos la legítima expectativa de cierto respeto por la verdad.
Olvidaron que Bolívar no es uno solo sino pluribus in unum. En la Contestación de un Americano Meridional a un Caballero de esta Isla, conocida como la Carta de Jamaica, suscrita el 6 de septiembre de 1815, aparece “nuestro Dios” en su muy natural posición de aristócrata reclamando derechos y prerrogativas de clase, en la que el “nosotros” no somos el “todos” sino excluyente. Pero la versión cinematográfica lo presenta, desde siempre, perfectamente definido por una opción popular convertido en guerrillero en las aguas del Magdalena. Ese rol lo jugó aquí Boves hasta su venturosa muerte en la Batalla de Urica. Por cierto, en un extraño tamunangue de los hechos, Boves y Morillo son inexistentes, además se le da connotación ultra tempus a Monteverde, ausente ya del territorio nacional en los tiempos de la huida a Oriente.

Todavía en 1815, Bolívar defendía las capitulaciones como justos títulos, patente de opresión que dio el monarca hispano a los aventureros que arrasaron con los habitantes originarios de esta tierra de gracia. ¿De quién era ese suelo del cual los conquistadores se convirtieron en señores? ¿A quiénes desalojaron los antepasados de Bolívar y de quiénes eran originariamente los derechos que él reclamaba? Porque si la visión de la conquista implica necesariamente una resistencia indígena, el Padre de esta Patria era descendiente de los que la aplastaron.

La Guerra de Independencia de Venezuela fue la más sanguinaria de las libradas por las Colonias Españolas. A mí no se me asemeja a una conflagración formal, menos internacional, sino más bien a un enfrentamiento civil que tuvo como excusa la defensa de ideales. Bolívar sufre una tremenda transformación al tomar nota de la necesidad de integrar a las fuerzas populares en su magno proyecto. La derrota, el destierro y el hambre convirtieron milagrosamente al señorito y le recordaron la existencia de pardos, mestizos, mulatos, zambos, cuarterones, negros y la más variada fauna discriminatoria que ellos mismos habían consolidado. Él era real, con sus vicios y sus virtudes.

Bolívar se desdobló a lo largo de su vida en personalidades antagónicas. Fue el marido ejemplar durante su corta concupiscencia conyugal y un sátiro perverso en su larga historia mujeril. El hijo de familia luchó, en un primer momento, solo por su clase, la de los blancos criollos, dueños de la América. Una clase de oligarcas que, a pesar de su lealtad por España, no podían ser virreyes, ni gobernadores, sino por causas muy extraordinarias; arzobispos y obispos pocas veces, diplomáticos nunca; militares solo en calidad de subalternos; nobles, sin privilegios reales. Ellos pensaban que, ante España, no eran nada y se merecían todo.

Screen Shot 2014-08-02 at 2.26.56 PMEn la película se dice que Bolívar peleó en más de 100 batallas y lo hizo espada en mano al frente de sus soldados. La pregunta surge de suyo: ¿Cómo sobrevivió? En realidad él dirigió 54 acciones militares a prudente distancia de las cuales solo perdió nueve. En un principio, su historia fue correr y correr. Lo hizo en La Puerta, Caracas, Carúpano-Cartagena, CartagenaKingston, Kingston-Haití, Haití-Carúpano, Ocumare de la Costa, Güiria-Haití, hasta que se cansó y salió de Jacmel para nunca más volver la espalda. Después los que corrieron fueron los otros.

De Caracas a Santa Marta, de Demócrata a Dictador, de Dios a Mártir, hoy pretenden que lo adoremos no como era sino como ellos quieren que sea, manchando así su memoria. Me quedo con el Bolívar civil, el hombre de Estado, aquel que supo evolucionar en su pensamiento y acción, no con el Jefe de los Oligarcas o de una secta que, en extraño final, matan a tiros en la película.