LUIS UGALDE | Y mandó a matar al niño

Hoy en Venezuela el poder está matando a los niños, a los débiles, a los que claman por medicinas y comida, a los que quieren convertir los tanques en arados para la siembra y los bombarderos en escuelas para el bien. Ese niño se atreverá a decir que lo que buscamos todos, lo encuentra el que da su vida al otro, para que la tengan ambos. Dirá que Dios es amor y que nadie tiene más amor que el que da la vida. Por eso él –Hijo del Hombre e Hijo de Dios– es vida, porque da su vida…
Nos dice también que nunca nadie ha visto a Dios, pero donde unos ayudan a otros ahí está Dios (1Juan 4, 12). Que en definitiva gana la vida quien tiende la mano al hambriento, al sediento, al enfermo, al preso, al perseguido y desterrado… y trabaja para arrancar de raíz esas negaciones (Mateo 25). Así nos encontramos con Dios-amor y nos encontramos “nos-otros”.
Ese niño reconoce que los humanos nos matamos unos a otros como lobos (como lo dirá Hobbes 1.630 años después), pero también somos portadores de la semilla, el deseo y la capacidad de hacernos hermanos. Sin esa hermandad, sin esa fraternidad, que reconoce y ama al otro como a uno mismo, nada es posible, ni familia, ni empresa, ni nación, ni la humanidad realmente humana.
El poder autoabsolutizado ayer y hoy manda a matar al niño y desterrar el amor. Es lo que vivimos trágicamente en Venezuela, en esta revolución que empezó con deseo de construir el paraíso de fraternidad, pensando que el camino era destruir a la otra mitad del país y repartir la infinita herencia petrolera. La verdad de nuestra Navidad es que el omnipotente gobierno se derrumba porque con él mueren los niños, se llenan las cárceles, se derrumban los hospitales y se van errantes los jóvenes. El fracasado gobierno que en el saqueo petrolero se ha robado (según confesión de ellos) no menos de 30.000 millones de dólares (al cambio libre actual Bs. 3.000.000.000.000.000), se roba la vida de millones de niños, de enfermos, de hambrientos y la alegría de miles de escuelas y de empresas productivas. Según confiesan los que fueron poderosos ministros y vicepresidentes, esos 30.000 millones de dólares, con otros robos, corrupciones e ineptitudes, superaron 130.000 millones de dóalres. Pero Herodes se aferra al poder, y para atornillarse en el infierno actual manda matar al Niño que es verdad, camino y vida.
¡Feliz Navidad! Donde todo puede faltar menos esperanza y amor.