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Maduro apela a las fuerzas armadas venezolanas para solventar la crisis

Screen Shot 2014-03-01 at 8.14.53 PMEWALD SCHARFENBERG Caracas 16 MAR 2014

Screen Shot 2014-03-16 at 9.58.05 AMEl presidente civil de Venezuela ha mostrado todo su apoyo a los uniformados, en el punto de mira por reprimir a los manifestantes

El Gobierno de Nicolás Maduro ha dado este sábado un paso más que simbólico hacia la instauración de un nuevo orden en Venezuela, al convocar a una marcha en Caracas en apoyo a “la familia militar” y “a la paz”.

Desde que en febrero pasado se inició la oleada de protestas que por más de un mes ha mantenido en jaque a las principales ciudades del país, abundan los señalamientos sobre violaciones de los derechos humanos contra los manifestantes, perpetradas, en su mayoría, por miembros de la Guardia Nacional. Así que, en desagravio de ese cuerpo, uno de los componentes de las fuerzas armadas venezolanas –y estas, a su vez, principal base de apoyo para un régimen que suele definirse como cívico-militar-, organizó un acto en el que los manifestantes eran, principalmente, militares. O, al menos, miles de personas vestidas con uniformes de fajina.

En la deriva militarista del chavismo, que se ha hecho más marcada, por paradoja, desde el fallecimiento de Hugo Chávez –él mismo, un ex teniente coronel del ejército-, el civil Nicolás Maduro se ha rodeado de funcionarios castrenses. Sobre la tarima instalada en el Paseo de Los Próceres de Caracas, un circuito para desfiles militares construido por la última dictadura en Venezuela -la del general Marcos Pérez Jiménez (1952-58)- Maduro, con la camisa roja característica de su movimiento político, destacaba en medio de un tropel de quépis verde oliva. Abajo, el público semejaba un tapete también verde, con salpicones caqui –el color de las milicias bolivarianas- y rojo –el de los militantes de base chavistas-.

Frente a esa audiencia, el mandatario venezolano optó por un tono amenazante y severo. Como comandante en jefe de las fuerzas armadas, autorizó públicamente a los uniformados a responder por Twitter a quienes publiquen mensajes difamatorios contra la Guardia Nacional o cualquier otro cuerpo castrense. “Vamos al combate también por las redes sociales”, alentó.

Dio además un ultimato “de pocas horas” para que los obstinados manifestantes, a los que el propio Maduro ha llamado en público los Chukis –en referencia a una serie de terror de Hollywood-, abandonaran sus posiciones en la plaza Altamira de Caracas y todo el municipio Chacao o “iré yo mismo a liberar” esos bastiones de la oposición. Dijo tener ya trazado un plan para despejar la zona, en la que a diario se registran refriegas entre jóvenes manifestantes y agentes antimotines de la Guardia Nacional y la Policía Nacional.

Al caer la noche de este sábado en Caracas, desde esos puntos calientes de la capital venezolana se reportaba una nueva ofensiva de las fuerzas militares. Además del arsenal de gases químicos ya usual, así como el despliegue de vehículos blindados, trascendió que los agentes actúan con la orden de detener a todo al que se encuentre en la calle en medio de los disturbios. No era fácil determinar si ya se trataba de la aplicación del plan anunciado por Maduro.

En simultáneo, se registraban fuertes choques en las Torres del Saladillo, en el centro de la ciudad de Maracaibo, capital del estado de Zulia (occidente de Venezuela).

Maduro aseguró que de las 28 muertes que hasta ahora se cuentan en el balance oficial de víctimas durante la crisis, la mayoría “son imputables a las guarimbas” refiriéndose a las barricadas de calle con su nombre criollo. Dijo que en un solo caso, que no precisó, se investiga a la Guardia Nacional. Esta versión contradice los múltiples testimonios recogidos por medios de prensa escritos y organizaciones de derechos humanos que atribuyen una proporción principal de los asesinatos a ese cuerpo militar de policía y a los llamados “colectivos” o grupos de choque armados del oficialismo.

Por el contrario, el sucesor de Hugo Chávez en la presidencia venezolana encomió la labor, que ya antes ha calificado como impecable, de la Guardia Nacional, cuya “actuación firme le ha ahorrado a Venezuela lo que buscaba el fascismo, una masacre entre el pueblo”.

Citando cifras del Comando Estratégico Operacional de las Fuerzas Armadas, Maduro informó que durante los 31 días de desórdenes se han desplegado 20.000 efectivos de la Guardia Nacional en todo el país, que habrían practicado un total de 16.000 “actuaciones”. Que en esa cantidad sólo se pueda conseguir un posible exceso es, para el presidente venezolano, un indicio de la profesionalidad con la que los agentes se habrían comportado. “Y hay que ver lo que hay que aguantar”, aludió a las provocaciones a las que los militares se estarían enfrentando sobre el terreno y a través de medos tradicionales y cibernéticos.

En el podio se hallaban la viuda y la madre del capitán Renzor Bracho Bravo, muerto el miércoles de un disparo mientras participaba en el control de disturbios en la ciudad de Valencia, capital del estado de Carabobo. Maduro las abrazó a ambas, poco después de ofrecerles sus condolencias. Bracho está entre los tres miembros de la Guardia Nacional caídos durante el mes de protestas.

Maduro no dejó de apelar durante la velada a la vena nacionalista de los uniformados. Al respecto, vaticinó que Venezuela y Sudamérica serán para Estados Unidos “mucho peor que Vietnam” si se atreviera a invadir. Se jactó de contar con información directa de personas “en la Casa Blanca” preocupadas porque la administración Obama vaya a cometer el mismo error que “hicieron cometer” a John F. Kennedy cuando en 1961 dio luz verde para la invasión de la Bahía de Cochinos, en Cuba, a cargo de combatientes anticastristas con apoyo de Estados Unidos.

Dijo saber por esas mismas fuentes que sobre el escritorio del presidente estadounidense aguardaba la autorización “para asesinar a Nicolás Maduro”. La enésima denuncia de un posible atentado en su contra sirvió a Maduro para recordar a los militares venezolanos sus deberes de “pasar a otra fase de la lucha si este gobierno es derrocado, ¿se entiende lo que digo?”, repitiendo la advertencia hecha la noche anterior, de que los militares venezolanos pasarían a la lucha clandestina en tal caso.

“El lobby miamero y republicano está proponiendo castigos contra nuestra nación. Bueno, tomen las sanciones que ustedes quieran. Solamente le digo, presidente Obama, que se va a meter en un camino sin retorno”, aconsejó a su colega norteamericano.

Frente a esas amenazas, Maduro se dijo dispuesto a participar en una “comisión de alto nivel para la paz y el respeto de la soberanía” que eventualmente reúna a a un alto representante del Gobierno de Estados Unidos, al presidente de Surinam, Dési Bouterse –en su actual rol de presidente la Unión Suramericana, Unasur- , y a un delegado venezolano, para cambiar el rumbo de las relaciones de Estados Unidos con Venezuela “y si es posible, con toda América Latina, de aquí hasta el final del siglo XXI”.

A manera de gesto de buena voluntad, Maduro nombró de inmediato como representante venezolano a Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. Cabello, un ex teniente del ejército, es el número dos del chavismo y encabeza una de sus facciones internas, militarista y conectada al mundo empresarial coloquialmente conocido en Venezuela como la boliburguesía.

“Esto lo hacemos por ti, Obama”, dijo Maduro. De momento no se conocen reacciones desde Washington a la propuesta.

El viernes, el canciller venezolano, Elías Jaua, había llamado “asesino del pueblo venezolano” a John Kerry, secretario de Estado norteamericano. Venezuela sostiene que el brote de protestas en todo el país no es más que una expresión de un plan para derrocar al Gobierno de Maduro orquestado por Estados Unidos.