Nelson Bocaranda Sardi @nelsonbocaranda | La toma de posesión presidencial en la que Irán mantuvo en vilo a los Estados Unidos

20/1/2017Screen Shot 2017-01-22 at 11.02.51

Hoy estuve viendo la toma de posesión del magnate estadounidense Donald Trump quien asumió la presidencia de los Estados Unidos de manos del expresidente Barack Obama tras haber cumplido éste los ocho años de sus dos mandatos de cuatro años.

Tras una campaña electoral entre Trump, candidato del Partido Republicano, y la ex Secretaria de Estado Hillary Clinton, del Partido Demócrata, cargada de acusaciones falsas, improperios y malcriadeces de todo tipo por parte del millonario contra la candidata. Trump ganó por los votos del Colegio Electoral -a pesar de que la señora Clinton obtuvo 2.37 millones de votos por encima para un total de 64.902.584 sobre sus 62.536.347- y hoy no era de extrañar que surgieran todo tipo de comentarios y se cargaran las redes sociales de diversas especulaciones.

Más aun cuando el grado de aceptación de Trump estaba de un 40% mientras que el de Obama llegaba al 80% y lo convertía en el presidente en llegar a la Casa Blanca con más rechazo a nivel nacional.

Muchas elucubraciones sobre anteriores relevos de mando en Washington me llevan a comentar una experiencia que viví cuando era corresponsal en Estados Unidos para VTV, Venezolana de Televisión, y Radio Capital y transmití en vivo la toma de posesión de Ronald Reagan de manos de Jimmy Carter. Creo que en los tiempos recientes esa ha sido la más angustiosa de todas las transmisiones de mando en la nación americana y donde el régimen de Teherán, encabezado por el Ayatolá Ruhollah Khomeini, jugó un papel crucial en el desenlace de la confrontación presidencial durante el año 1980 e hizo ganar estrepitosamente al ex actor y ex gobernador de California Ronald Reagan.

Les cuento el por qué:

El Shah de Persia y jefe absoluto de Irán Mohamed Reza Pahlevi gobernó ese país, dictatorialmente, desde 1941 hasta 1979 cuando la revolución islámica lo derrocó y lo hizo fugarse el 16 de enero de 1979.

Unos días después regresaba de su exilio en Paris el Ayatollah Khomeini, líder espiritual del islamismo iraní, y quien instauró la teocracia autoritaria que hasta hoy controla ese país.

En principio el Shah salió buscando refugio en Europa pero el temor de que los Islámicos tomaran represalias contra el país que lo acogiera lo obligó a viajar por varios destinos hasta que el gobierno de Panamá le dio refugio en la isla de Contadora. Antes había estado en Egipto, Marruecos, las Bahamas y México.

Reza Pahlavi sufrió de un agresivo cáncer y estuvo buscando tratamiento médico en el país que lo quisiera recibir. Las negativas abundaron. Yo había conocido a quien fuera su asistente en el exilio Robert F. Arnao, quien venía de ser asistente del gobernador neoyorquino Nelson Rockefeller con el que me unió una buena amistad tras haberlo entrevistado en Caracas cuando se fue a pasar su luna de miel en su hacienda Monte Sacro en el estado Carabobo. A Arnao me lo presentó en Nueva York mi colega de afición al ilusionismo Héctor Soucy. Un día me llamó Héctor para pedirme que hablara con el presidente venezolano Luis Herrera Campins, mi profesor y amigo y a quien había entrevistado recientemente en la ONU- para pedirle a nombre del Shah que le permitiera ingresar a Venezuela y ser tratado en el Hospital Militar de Caracas donde la calidad de los profesionales era igual a la de los mejores hospitales del mundo. Yo lo llamé y a los días me contestó que después de hablar con su ministro de Minas, Humberto Calderón Berti, era muy delicado ese asunto pues Irán era miembro de la OPEP y podría haber un desencuentro diplomático con el líder de la Revolución Islámica. Lo que supe después es que terminando el gobierno de Carlos Andres Pérez el ministro de Minas e Hidrocarburos, Valentín Hernandez Acosta había llevado escondido a Venezuela a un exministro del primer gobierno de Irán tras la caída de la monarquia del Shah. Ese ministro estuvo escondido por varios meses en el Club Camuri Grande y el entonces ministro de Minas del presidente Herrera, Humberto Calderón Berti, habría pensado que era muy delicado recibir al Shah sabiendo lo acontecido con el ex ministro buscado por la revolución islámica para ajusticiarlo. La relación en la OPEP con Irán y su nuevo y radical gobierno islámico se podría ver afectada. La respuesta entonces fue no recibirlo.
El Shah luego fue recibido en la Base Aérea de Lackland en San Antonio, Texas, y luego recluido en el New York Hospital donde recibió tratamiento en Octubre de 1979.

Unos días después, el 4 de noviembre de 1979, un grupo de estudiantes iraníes toma por asalto la embajada de Estados Unidos en Teherán y captura a 52 funcionarios a los que tiene como rehenes por 444 días. La sentencia contra Estados Unidos la declaran como una retaliación por haber aceptado a Pahlavi en territorio americano.

La noticia diaria en la prensa de EE.UU. y del mundo pasó a ser la del estado de los rehenes que eran sometidos al escarnio público, vejaciones en cámara y amenazas de asesinarlos todos los días. Cómo sería el interés de los estadounidenses por saber de sus compatriotas que desde el primer día la cadena televisiva ABC lanzó un programa especial todas las noches llamado Nightline con el periodista Ted Koppel que destronó del primer lugar de sintonía al llamado Late Show con Johnny Carson. Hasta hoy el nombre del programa existe y se transmite en la programación de la cadena.

Un intento del gobierno de Jimmy Carter por rescatarlos en una llamada Operación Eagle Claw el 24 de abril de 1980 fracasa estrepitosamente cuando chocan dos helicópteros en el desierto iraní y fallecen ocho soldados norteamericanos en lo que fue un desaguisado de errores militares atribuidos a fallas mecánicas en dos helicópteros, un tanque y dos camiones que chocaron en la base desde donde despegó la operación rescate y cuyas consecuencias fueran tan grandes que afectó la reelección de Jimmy Carter para un segundo período.

Retorno al acto de transmisión de mando el 21 de enero de 1981:

Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán por la liberación de los diplomáticos tuvo muchos otros tropiezos significativos. Discrepancias entre el Secretario de Estado Cyrus Vance con el presidente Carter y su Asesor de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski en cuanto al tratamiento de la crisis, el fallido intento de rescate y la interrupción de negociaciones en varios momentos lo fuerzan a renunciar el 28-4-1980. Carter nombra en su lugar a Edmund Muskie como su nuevo Secretario de Estado.

Las negociaciones por parte de Irán se convierten en una burla al gobierno de Carter quien aceleradamente baja en popularidad haciendo lograr a Ronald Reagan un ascenso violento en las preferencias de los electores. Los iraníes van demorando la liberación de los rehenes – anunciada y negociada para Diciembre de 1980- día tras día. La muerte del Shah, refugiado en El Cairo, el 27 de julio de 1980 ayudó a que las negociaciones avanzaran. Cuando Ronald Reagan gana las elecciones el 4 de noviembre de 1980 dicen que se los van a entregar. Así mantienen en vilo a la opinión pública estadounidense y global hasta el día de la toma de posesión el 21 de enero de 1981.

Los periodistas y medios que cubríamos la transmisión de mando teníamos la vista puesta no solo en Washington sino en Teherán donde vía satélite la imagen mostraba a los rehenes y a sus captores solo esperando que se juramentara Reagan para liberarlos. Así estuvimos en vilo hasta que terminó el nuevo presidente su discurso. Minutos después anunciaba el Ayatolah Kohmenini que iban a ser puestos en libertad y así se hizo. Le tocó al recién juramentado presidente Reagan anunciarlo desde el Capitolio donde celebraba el tradicional almuerzo con los congresistas. Ceremonia que hoy vimos con el presidente Trump apenas despidió al expresidente Barack Obama en las escaleras del palacio legislativo de los EE.UU.Screen Shot 2017-01-22 at 10.56.11

Esa toma de posesión tuvo tan pendiente al público estadounidense que las tres cadenas -ABC, CBS y NBC- tuvieron por horas sus pantallas divididas entre Teherán y Washington contando los minutos para la liberación. El entonces sub-secretario de Estado Warren Christopher fue a recoger a sus compatriotas en uno de los aviones presidenciales estadounidenses. Christopher había manejado las negociaciones con los iraníes en Washington, Argelia y Teherán. En un principio hablaron de las compensaciones económicas por las propiedades en suelo americano y los depósitos iraníes en bancos de los Estados Unidos pero las discrepancias en las cifras lo impidieron. Irán hablaba de billones y EE.UU. de millones. Por cierto, no fue sino hasta el año pasado que los dos países llegaron al acuerdo financiero y a levantar las sanciones al país de la teocracia islámica. Gracias a Obama. Hace unos días Trump lanzaba su malestar con el acuerdo y prometía dejarlo de lado. Algo difícil de cumplir pues no es solo entre Teherán y Washington. Hay otros signatarios: Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Alemania y la Unión Europea.

Como señalé hoy en un tuit: Comienza una era llena de intentos de predicciones con un presidente totalmente impredecible.
Un gobierno con un gabinete de billonarios que anuncia planes populistas y de contenido social. El tiempo corre en medio de angustias y alegrías, para unos y para otros. Veremos.

Creo que la de hoy no fue la más delicada y angustiosa de todas las transmisiones de mando en la Casa Blanca. Mas bien fue sorpresivo ver y oír a un Trump con guión en mano y amable con sus contendores políticos. ¿Por cuánto tiempo?