Octavio Lepage | LOS EMPRESARIOS EN LA PICOTA

Octavio-LepageHOJA DE RUTA POLÍTICA (No 149)

Caracas, 27 de Agosto del 2015

Diosdado Cabello dejó con los crespos hechos al nuevo presidente de Fedecámaras, Francisco Martínez. En sus primeras declaraciones el dirigente empresarial expresó su disposición a dialogar con el gobierno, e incluso a colaborar con la presentación ante la Asamblea Nacional de proyectos de ley relacionados con su sector.

Sin concesiones a la urbanidad política la respuesta de Cabello fue contundente, una asamblea revolucionaria no tiene por qué darle cabida al sector empresarial para proponer leyes. Es más, le dio fundamentación ideológica a su negativa tajante, es contra natura, es un modelo completamente distinto al que tenemos; es total y absolutamente distinto a nuestro pensamiento político, económico y social.

Saliéndonos del lenguaje político podríamos decir que este gobierno es bien ingrato. Los empresarios bajan la cabeza ante sus permanentes insultos y arbitrariedades, reiteran con humildad su disposición permanente a dialogar, sin que jamás sean tomados en serio, más bien les toman el pelo invitándolos a mesas de diálogo que mueren al nacer.

La pasividad del sector empresarial para defender sus intereses legítimos es inexplicable. Son una excepción a la conocida máxima de Maquiavelo de que el ser humano es capaz de soportarlo todo salvo que se metan con su patrimonio. Tal resignación les ha costado caro.

Chávez realizó un tanteo exploratorio de la capacidad de resistencia empresarial con la ocupación ilegal del fundo ganadero “La Marqueseña”, propiedad de la familia Azpúrua Arreaza. Lejos de reaccionar con energía solidaria exigiendo respeto a la Constitución, que limita y regula las expropiaciones, el sector ganadero y, en general, el mundo empresarial se mantuvieron indiferentes.

Chávez se sintió poderoso y salió con esa humorada del método CHA-AZ. Lo que vino después fue la demencia expropiatoria que destruyó casi por completo el aparato productivo y nos tiene ahora al borde de una gran hambruna, con la inflación más alta del planeta, con necesidad de importar un altísimo porcentaje de lo que consumimos, con el oprobio de hacer colas interminables para comprar a precio de oro lo indispensable para no morir de hambre.

La demencia expropiatoria de Chávez la heredó su sucesor. En este cuadro agudo y explosivo de escasez, Maduro ha tenido la ocurrencia de amenazar con la expropiación a las pocas empresas que sobreviven, como Polar, cuyos productos atenúan el hambre generalizada día a día más insoportable. El tema no se agota, se agota el espacio. Continuaremos desarrollándolo.Screen Shot 2015-08-28 at 1.51.24 PM