Octavio Lepage | PESCUEZO NO RETOÑA

OCTAVIO LEPAGEHOJA DE RUTA POLÍTICA 233

Caracas, 13 de Septiembre del 2016

 

El de Venezuela es caso singular en el mundo. Nadie se explica que hoy se encuentre en la cola, compitiendo con Haití, como el país más pobre del Continente. Venezuela es hoy el país de las colas, el bachaqueo, los atracos a mano armada a la luz del día, de gravísimo deterioro económico y social. 

Este cuadro crítico ha contaminado el escenario político. Ya no somos una democracia. En la patria de Bolívar impera una dictadura que impone su voluntad por encima de la Constitución, del Ordenamiento Jurídico, y de las instancias institucionales establecidas para preservarlas. 

El pueblo, en apariencia acobardado o resignado, ha despertado. Continúa rechazando la violencia en sus diversas expresiones, pero está decidido a lograr un urgente cambio de gobierno por vía constitucional. Esa determinación colectiva se puso en evidencia en las elecciones parlamentarias del 6D. La oposición duplicó en votos al gobierno de Maduro. Eligió 112 diputados mientras el gobierno obtuvo apenas 55. Más claro no canta un gallo. 

Maduro se soltó el moño. Eso de guardar las apariencias lo descartó por completo. Pisoteando normas constitucionales de vigencia universal no reconoce la legitimidad de la nueva Asamblea Nacional, y desconoce todas sus decisiones, con la anuencia servil de una Sala Constitucional espuria (entre sus magistrados escasean los curricula pero abundan los prontuarios). 

La paliza electoral del 6D no fue una erupción popular aislada. La Toma de Caracas, convocada por la MUD, con escasa publicidad, fue espectacular. El mundo entero pudo contemplar en vivo y directo el espectáculo emocionante de más de 1 millón de venezolanos desfilando en actitud cívica impresionante.

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El 6D y el 1S no son expresión del azar, son reveladores del rechazo masivo a la dictadura totalitaria de Maduro, y tuvieron un complemento revelador en la visita al anochecer de Maduro a Villa Rosa, en Margarita, barrio tenido hasta aquel momento como chavista ciento por ciento. Apenas descubrieron que Maduro en persona los visitaba le dieron un cacerolazo monumental, tanto que Maduro perdió los estribos, salió del vehículo presidencial y le arrebató a una señora la cacerola que golpeaba con furor.

Maduro debe convencerse de que le llegó la hora de partir, antes o como consecuencia del Revocatorio, que recuerde aquella escena en Miraflores cuando el General Llovera Páez, Ministro del Interior, le dijo a su compadre y compinche Pérez Jiménez: Hay que arreglar las maletas, pescuezo no retoña.