OCTAVIO LEPAGE Un modelo difunto

HOJA DE RUTA POLÍTICA 106 Caracas, 1º de Noviembre del 2014

La glorificación de la mentira es rasgo sobresaliente de los modelos totalitarios de gobierno. Su plataforma de apoyo es aquel conocidísimo hallazgo de Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, de que una mentira dicha con convicción, repetida una y otra vez, se transforma en verdad.

Aquel descubrimiento fue desarrollado hasta la perfección por los servicios de propaganda de la Unión Soviética. Fueron tan efectivos que lograron hacer de Stalin, un ser taciturno y distante, un padre bondadoso profeta de una religión laica generadora de un mundo sin injusticia; y que la influencia del comunismo se extendiera por todo el planeta cautivando a los sectores más inquietos de sus juventudes y a los intelectuales más prominentes.

Aquella influencia mágica del comunismo sufrió un eclipse parcial con el Informe de Kruschev al XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en el que dejó ver algo de la cara oculta del stalinismo. A partir del XX Congreso, se inicia una cadena de revelaciones que pusieron en evidencia que Stalin había sido un autócrata implacable, que consolidó su poder fusilando a todos los dirigentes comunistas que podían hacerle sombra y a todos los campesinos (kulaks) a quienes consideraba un obstáculo para consolidar el modelo comunista.

Como es fácil deducir, el comunismo ha sido un gran fracaso histórico. Lo evidencia el desplome y desaparición de la Unión Soviética. En la actualidad el Partido Comunista no figura en el mapa político mundial. Y nadie habla ya de comunismo como alternativa de poder. En Rusia el comunismo es un mini-partido. En Venezuela es una minúscula agrupación clientelar pegada a la ubre del PSUV.

Sobrevive en Cuba. En efecto, después de la hazaña de Sierra Maestra, Fidel Castro decide alinearse con la Unión Soviética; y para ponerse en sintonía con ese modelo eliminó por completo la propiedad privada. Sobrevino la ruina de la que no ha podido recuperarse en cinco décadas. Cuba ha sobrevivido por la ayuda exterior. Primero, por la ayuda de la Unión Soviética, después por la multimillonaria ayuda de Venezuela que aún se mantiene. Este es el modelo que Maduro está empeñado en implantar por la fuerza, y si hace falta por las armas, y lo peor es que está avanzando en su propósito sin mayor resistencia por parte de treinta millones de venezolanos, porque ni los viejos ni los nuevos partidos parecen haberse dado cuenta de la tragedia histórica que para Venezuela significaría que este sistema se imponga en las décadas por venir.