Pedro Luis Echeverria —15 Años de irresponsabilidad y desidia

1 de septiembre de 2014

Qué difícil es vivir en una Venezuela que ha sido y es gobernada por Chávez y sus secuaces. Es dramático y triste constatar, después de quince años de gobierno, las enormes calamidades, las carencias y las tantas vicisitudes con las que debe lidiar el común de las personas para sobrellevar de la mejor manera posible su existencia, sin recibir del régimen ninguna contraprestación significativa de avance, crecimiento y  progreso. Este es un régimen que abusa y expolia a la población, la esquilma, la engaña, la envilece, la acosa y no le ofrece materialmente la tan cacareada  “mayor suma de felicidad”. Por el contrario, cada día nos cercena el presente, nos destruye el futuro y nos encierra en un círculo de miseria creciente. Es una suerte de desenfrenado castigo colectivo al que nos somete el ideario del “Cuenta Cuentos Galáctico”, con el empeño de destruir al país, sus leyes, sus instituciones y los principios y valores democráticos que aún perduran  para tratar imponer, a cambio, un totalitario, fracasado y anacrónico modelo  de sociedad, mayoritariamente rechazado por la población.

Al igual como lo han hecho otros pueblos contra las satrapías que los subyugan, ha llegado el momento de dejar la desidia de lado y actuar para hacerle entender al chavismo y sus intérpretes  que categóricamente rechazamos su visión de país; que resistimos su decisión de arrebatarnos nuestra libertad individual y que no continuaremos tolerando sus intentos de limitar nuestra capacidad de pensar y actuar según nuestra propias convicciones y creencias; que no aceptamos que siga violando impunemente la Constitución y conculcando nuestros derechos fundamentales; que no permitiremos que destruya el derecho a la propiedad privada; que no queremos que hipertrofie el tamaño y las funciones del Estado; que rechazamos como ha pervertido la economía y corrompido los valores éticos de nuestra Nación; que no aceptamos como  ha envilecido nuestro signo monetario y destruido industrias y empleos; que nos indigna como ha debilitado la seguridad individual y colectiva y como ha  pisoteado y comprometido nuestra soberanía y   limitado nuestro libre albedrío. Pero lo más grave de todos los desatinos de este improvisado gobierno es que ha destruido nuestro futuro y el de nuestros hijos, quiénes no alcanzarán a disfrutar la calidad de vida que teníamos antes que ellos llegaran al poder, y además irresponsable, imperdonable e inaceptablemente le ha robado las oportunidades y las posibilidades  de un mejor destino  a los niños venezolanos  que no han nacido todavía.

Maduro debe saber que estamos hastiados de su indigno y nefasto régimen, que no tenemos miedo y que hemos decidido enfrentar y resistir sus intentos totalitarios; que no permaneceremos en silencio; que defenderemos nuestra libertad y nuestras convicciones tan a menudo como podamos y por todas las vías  que democráticamente podamos encontrar; que lucharemos sin tregua ni descanso para triunfar en la disyuntiva planteada: libertad y democracia o totalitarismo  y opresión.