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Pedro Luis Echeverria -Lo que aprendemos en la calle

“Porque a veces es demasiado increíble, la verdad deja  a menudo de ser conocida”. Heráclito.

El país asiste al degradante espectáculo de la sumisión y capitulación de la “nomenklatura” gobernante ante un país extranjero. Asimismo, presencia atónito y con asco, el grado de envilecimiento que existe al interior  del régimen y el nivel de deterioro al que lo han llevado los auténticos apátridas. Experimenta en carne propia la cruel represión y vesania a la que es sometido por defender sus derechos. Comienza a conocer las corruptelas, traiciones, conspiraciones y delitos de personeros de la entente gubernamental y de  la existencia de un poder, no el nominal que aparenta detentar quien usurpa la presidencia, sino del poder real, que ejercen en la sombra individuos e instituciones, íntimamente vinculados con el nauseabundo “proceso”, y que otrora se presentaban, bajo juramento constitucional, como los soldados de la patria.

Lo que el común de la gente intuía, desde hace mucho tiempo, su  presencia en la calle se lo ha venido revelando clara y desgarradoramente y un abismo de desconfianza se ha abierto entre todos: los que creen en la perversa utopía del Siglo XXI y quiénes somos disidentes. La masiva presencia en la calle de los que estamos “arrechos” ha contribuido a abrir conciencias y ha logrado que el tiempo de los secretos del régimen llegue a su fin. Aparecen muchas y nuevas revelaciones que hacen saltar por los aires las tapas de la gran cloaca en que las bandas de burócratas facinerosos, han convertido al poder en Venezuela. La sospecha se ha instalado entre nosotros y nadie es capaz de poner las manos en el fuego por ningún miembro del funcionariado gobernante. Es el signo de estos tiempos en los que el ciudadano se siente indignado ante tantas mentiras y engaños urdidos por los segundones del que se fue. El país, volcado a la calle, sabe que lo que se ha develado no es más que el introito del desmoronamiento de un tinglado construido con las endebles bases de grandes patrañas, embustes y falsedades. Sabe que los asesinos de la historia, no sólo patrocinaron y cimentaron una falsa democracia, sino que, además crearon mecanismos arbitrarios e ilegales de censura a gran escala, destinados a controlar, silenciar y destruir cualquier indicio que pudiera llevar  la verdad a los millones de hombres y mujeres que aquí habitamos.

Desde las sombras, la cárcel, la tortura, exilio político, persecuciones y diversas otras formas de opresión y represión han tratado de encerrarnos en un asfixiante círculo de silencio. La  verdad, hasta hace poco ignorada por la ceguera ideológica de adentro y de afuera, estimuladas ambas por el dinero fácil y el verbo encendido y falaz, ahora se hace presente y grandes masas la  comprenden, la asimilan y las induce a luchar y perseverar en el empeño de no permitir que el país continúe transitando por los utópicos, falsos, alucinantes y totalitarios caminos impuestos por el régimen y que irremisiblemente  lo llevan a  su propia destrucción.

Lo que acontece en Venezuela no son situaciones esotéricas; se trata de hechos conocidos pero que no había sido posible difundirlos con el ropaje de la verosimilitud que ahora tienen. Ahora tenemos la certeza que el régimen  siempre ha fundamentado su funcionamiento en el fraude, la mentira y la intriga.

Finalmente, sólo queda a modo de conclusión reproducir una frase del Evangelio: “Los pongo en guardia contra los falsos profetas que vendrán a ustedes vestidos de oveja, mientras por dentro serán como lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis”