Share this:

" />
Pedro Mogna shared Carolina Jaimes Branger’s status in Facebook
Anoche escribí esto y como recibí un solo comentario -cuando usualmente recibo cientos- lo vuelvo a colgar. Quiero llamar la atención sobre las críticas a quienes, por la razón que sea, han decidido quedarse en Globovisión. De verdad que en este país somos una porquería. La cantidad de comentarios destrozando a Leopoldo Castillo me han llenado de ira y de tristeza. ¿Es que ya se les olvidó que ese señor tiene más de 15 años haciendo una oposición valiente TODOS LOS DÍAS, a costa de su salud y de la de su familia, su seguridad y su tranquilidad? ¿En qué clase de monstruos nos hemos convertido que estamos dispuestos a caerle a pedradas a cualquiera que nos parezca “que ya no dice lo que queremos oír” sin detenernos a pensar que el hecho de que Leopoldo esté en la directiva de Globovisión será lo que nos permitirá seguir medianamente informados? Podemos darle “unfollow” a @globovision, pero otra cosa es estar hablando las pendejadas que están diciendo de Leopoldo Castillo. Hay que ser bien bajos y bien miserables para hacerlo. Milagros Socorro recordó ayer por Twitter que Leopoldo hasta se tuvo que calar que Barreto dijera que había asesinado a su propio hijo.
Nadie, NADIE que no esté en el pellejo de esos periodistas sabe lo que ha sido estar todos los días al frente de su espacio, mientras los demás dormíamos, íbamos al cine, estábamos en un restaurant, en la playa o simplemente echados en un sofá viéndolos por TV.

Pero han salido cientos de críticos hablando de “dignidad” y exigiéndoles que renuncien. ¿Con qué autoridad moral? ¿Han pensado en sus familias, en cómo van a sostenerse si pierden sus trabajos? Yo conozco a muchas personas que todos los días tragan grueso porque trabajan en instituciones gubernamentales y no han perdido su dignidad. La dignidad no se pierde por irse o quedarse. Es más, en ocasiones se fortalece cuando toca vivir un infierno para poder pagar la educación y manutención de los hijos.

Yo respeto tanto a quienes decidieron renunciar como a quienes decidieron quedarse. Ambas posturas requieren de valor. Y desprecio la doble moral de los fariseos que están dispuestos a abrir sus bocotas para destrozar a cualquiera que no adopte lo que ellos consideran “bueno, justo y procedente”. Por mí, se pueden ir para el carajo.