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Rafael Cadenas: En Poesía, la madurez tiene que ver con objetividad

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Últimas Noticias 05/01/2014

Un poeta obsesionado con volver a ver el mundo de forma directa, un radical comprometido en que la palabra sea devota de ese empeño es la impresión que muchos lectores encuentran al leer la obra de Rafael Cadenas

 

Albinson Linares|ÚN.-Un poeta obsesionado con volver a ver el mundo de forma directa, un radical comprometido en que la palabra sea devota de ese empeño es la impresión que muchos lectores encuentran al leer la obra de Rafael Cadenas.

Más que una búsqueda estética, parece un afán místico el que alimenta los versos de este barquisimetano, elogiado por el público y considerado por muchos críticos como el poeta vivo más importante de Venezuela.

“Que cada palabra lleve lo que dice/ Que sea como el temblor que la sostiene/ Que se mantenga como un latido (…) Pero estamos aquí para decir verdad/ Seamos reales/ Quiero exactitudes aterradoras”, rezan los versos de su “Ars poética”.

Al rozar los 84 años de edad, Cadenas no tiene miramientos para compartir su verdad y la desgrana, pregunta a pregunta.

¿Qué influencia tuvo la poesía en su infancia?
Me figuro que mucha, pero aún me preparo para leerla como se debe. Leía historietas, sobre todo Chamaco chico, de México, que esperaba con ansiedad de niño. Con Salvador Garmendia leí a Rubén Darío, Don Quijote, la Historia de la filosofía de Will Durant y los poetas de la revista Viernes, en Barquisimeto, casi siempre en la plaza de Altagracia.

¿Qué lecturas lo marcaron en su juventud?
Leía mucho marxismo, esa dulce utopía que produjo dictaduras aterradoras como lo muestra la historia. Las lecturas de mi generación fueron Hesse, Mann y Gide, un poco olvidados hoy. Después, en Caracas, conocí la obra de Machado, Neruda, Vallejo, Lorca, Salinas, y en los sesenta, con el grupo Tabla Redonda, los poetas más modernos: Michaux, Pessoa, Ungaretti; pero no te puedo mencionar todo lo que leí, aunque dejar fuera la biografía de Goethe por Emil Ludwig sería una inconsecuencia de mi parte.

¿Cuáles son los libros que aún lo siguen acompañando?
Varias de las que te nombré y Whitman, a quien descubrí muy tempranamente en la traducción de León Felipe, muy suya, por cierto en la biblioteca de Barquisimeto; Lawrence, aunque su poesía la conocí después de leer su obra narrativa; tardé mucho en llegar a Rilke.

¿Experimenta la traducción como un ejercicio intelectual?
No la veo así, simplemente a veces me interesa un poema y me pongo a traducirlo si puedo. Observa que en El taller de al lado también hay textos en prosa. Me guío por lo que deseo comunicar, lo que puede nutrir humanamente a los lectores.

Venezuela es un país con una potente tradición poética. ¿Qué función tiene la poesía en sociedades como la venezolana?
Es mínima; se lee más la novela, el ensayo, el cuento, siempre ha sido así, en casi todas las épocas. Sus lectores son minoritarios, como los de filosofía. La influencia de la poesía es subterránea. Quizás puede influir en personas que a su vez influyen en la sociedad como los dirigentes y cuadros políticos, pero ¿cuántos de ellos la leen? Además, tampoco es obligatorio.

Sin embargo, el lenguaje poético permea las expresiones populares del país, como se advierte en muchas canciones venezolanas…

Hay seres en quienes la poesía está presente sin que la lean, porque ella no es propiedad de los poetas. Cabe que aparezca en cualquier lugar, en los diversos géneros literarios, en las artes, en el periodismo, en la vida corriente.

¿Qué papel cree que tiene la lectura en la formación de ciudadanía?
Es fundamental en la formación del ser humano, y en ese proceso primordial está incluida su conciencia de ciudadano. La literatura puede ser la contribución principal, por su contenido y su lenguaje, en esa tarea. Sobre todo mejoraría el nuestro, que anda tan descuidado, porque a pesar de ser el mejor instrumento en la labor educativa, no recibe la necesaria atención.

¿Qué cambios ha traído la madurez en su obra?
No empleo esa palabra. No sé qué significa. Se me ocurre que menos peso en el ego es uno de sus principales signos. Ni puedo opinar sobre lo que escribo. Sin embargo, recomiendo un libro: Inmadurez. La enfermedad de nuestro tiempo, de Francesco Cataluccio (editado por Ciruela), porque asocia el infantilismo con los totalitarismos. Creo que tiene razón, eso lo estamos viendo aquí. En poesía, la madurez tiene que ver con la objetividad.

¿Comparte la opinión de Philip Roth, quien dice que la vejez es una masacre?
Estoy tratando de acostumbrarme a la vejez. Hay muchos viejos que dicen “yo sigo siendo joven”, pero el cuerpo le va diciendo a uno la verdad. Nunca engaña.

¿Qué cosas lo hacen reír y le causan gracia por estos días?
Río poco, pero tengo buen humor. El humor es muy importante y sobre todo ejercerlo con uno mismo, eso le quita importancia al ego. Hay que reírse de uno mismo.

¿Cómo define ese proceso de volver a revisar sus poemas para cada libro? 
Hace poco, un amigo me preguntó de nuevo por “Derrota” y le dije que ese poema no lo escribí yo, sino un joven de 32 años. Sigo pensando de esa forma porque uno cambia constantemente, de un día para otro. Lo mismo pasa con el cuerpo. En estos días leí que si uno ve a un amigo después de cinco años ya no es el mismo físicamente porque el cuerpo ha cambiado totalmente.

¿Cómo sobrelleva las depresiones que a veces acompañan al trabajo creativo?
He tenido depresiones y han sido importantes porque llevan a desarrollar la conciencia de uno mismo. Son períodos de recogimiento y reflexión, es la llamada “noche oscura”; pero tampoco la recomiendo. Es muy duro. Esos períodos se reflejan bastante en un libro como Intemperie y en ese poema que me persigue y siempre la gente cita que es “Derrota”.

Es notoria la influencia de la femineidad en su obra…
Muchísimo, soy feminista (risas), no femenino. En todos los hombres hay un componente femenino, pero muchos no quieren oír sobre eso.

No en vano Freud hablaba de la femineidad como “el continente oscuro”…
Él decía que nunca pudo descubrir lo que querían las mujeres. Jung decía que el ánima era lo femenino en el alma masculina y el ánimus lo masculino en el alma femenina. Por eso, masculino y femenino pertenecen a nuestra conciencia universal.

¿Pensó alguna vez en el suicidio en esos momentos límite cuando estuvo preso durante la dictadura perezjimenista o en el exilio?
No, he debido pensar en eso, pero no quise. Tampoco rocé los límites de mi cordura porque he intentado mantenerme en cierto equilibrio. Nunca he sufrido de esas psicosis.

¿Lo hizo madurar políticamente estar encarcelado por sus ideas durante la dictadura?
Creo que, en mi caso, aún no sé si he llegado a la madurez. Realmente cobré más conciencia no solamente política, sino también sobre mí mismo, cuando regresé de Trinidad en los sesenta, cuando se supo lo que había pasado en la Unión Soviética y demás países dominados, todas las ejecuciones y los campos de trabajo en Siberia donde murieron millones. Todo eso hizo que nos diéramos cuenta de la realidad porque, cuando uno leía las noticias sobre esos países, creíamos que era propaganda imperialista y burguesa, pero era verdad.

¿Cómo define el uso de ciertos términos en el lenguaje político?
Es parte del uso que de él hace el actual régimen. Escojo un solo ejemplo de entre muchos: llamar “fascista” a la oposición revela demasiada irresponsabilidad, cuando todo el mundo sabe que los atropellos proceden del poder cuyos representantes no tienen idea de lo que es democracia. No la ven como un logro de la humanidad, sino como un sucio invento burgués.

Usted viene de la militancia comunista en su juventud. ¿Cómo se ubica políticamente hoy día?
Me siento cercano a un socialismo democrático, incluso a la socialdemocracia, pero no tengo militancia, ni quiero tenerla. Creo que los escritores deben mantenerse independientes, ejerciendo la función crítica, porque si pertenecen a un partido, están limitados.

¿Qué retos ve en el futuro próximo para la izquierda en esta coyuntura histórica?
En primer lugar debe diferenciarse. Si los dictadores comunistas son de izquierda, peor para ella. Por eso no suelo usar esa palabra. Sencillamente trato de ver, con mis cortas luces, la realidad, lo que ocurre, pero sin odio. Me indignan sí los abusos de este régimen, cuyo plan de dominación total del país sigue en marcha con asesoría cubana.

¿Y cómo ve a los revolucionarios en el siglo XXI?
Los que se llaman a sí mismos revolucionarios deberían deponer su arrogancia, ser un poco humildes, porque no detentan la verdad. Están empeñados en imponer una doctrina que es como cualquier otra, y un fracaso en lo esencial al llevarse a la práctica. Siguen la pauta denunciada por Milovan Dilas en su libro La nueva clase; así llama él al grupo de dirigentes de la revolución que al tomar el poder se convierten en privilegiados, precisamente en lo que combatían, como ocurre aquí. Tanto que lucharon muchos de ellos contra las injusticias y ahora las cometen o aceptan sin rubor.

Sin embargo, hay una clara reivindicación del bolivarianismo…
Se dan el título de bolivarianos, pero dividir el país es lo más antibolivariano que pueda imaginarse, y eso lo rezaga todo. Como millones de venezolanos, espero la libertad para los presos políticos y el regreso de los exiliados, pero seguramente no se toma esa decisión por temor a que sea vista como debilidad, cuando no es así.

¿Cree en el Paraíso judeocristiano o una vida después de esta?
No creo en nada, solo en el misterio. Todo está en el universo que es, precisamente, un gran misterio.

¿La poesía toca ese misterio?
Depende del poeta, pero creo que sí, en general, los artistas deben sentir eso.

¿Qué ha escrito estos días?
También escribo dichos; no los llamo aforismos porque esa palabra les queda grande. Uno que escribí hace poco dice: “Cuando en un país el Estado se agiganta, sus habitantes se vuelven enanos”.

alinares@cadena-capriles.com
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