RAFAEL DÍAZ CASANOVA @rafael862 | Desde lejos

De vez en cuando hace falta tomar distancia para apreciar un evento. Recordamos una visita que hicimos hace cuarenta años a Las Vegas. Éramos dos parejas de amigos, Tito y “la Gorda”, Graciela y yo. También nos vino al pensamiento que fue la primera oportunidad que viajamos juntos. Fue un periplo inolvidable.

thUno de los destinos, obligado, era la ciudad del juego. Resulta que por aquellos días Carlitos Oteyza estudiaba cine en París, y con unos amigos le mandó de regalo a su papá una ruleta que, sin llegar a tamaño profesional, tenía unas estupendas dimensiones, pero adolecía de un defecto. La bolita que determinaba el número ganador era del mismo material que la ruleta: chapa de acero la ruleta y también de acero la bolita que rodaba y, naturalmente, hacía un ruido que amén de elevado era desagradable. Entonces, el objetivo de la visita era el de adquirir una bolita de marfil para sustituir a la bullanguera esfera metálica. Fuimos a visitar a un proveedor de materiales de juego.

Satisfecho ese objetivo, había otro: experimentar y disfrutar los fabulosos espectáculos que se ofrecían y se ofrecen en cada hotel o teatro. Allí aprendí el valor de una propina.

La primera noche asistimos a un teatro donde, entre otras cosas, había un cuerpo de baile integrado casi por diosas. Llegamos al teatro y cuando nos ubicaron en una mesa de cuatro personas, Tito me dijo: ¡Dale veinte dólares y le pides que nos ubique en una mesa mejor! Dicho y hecho; ante la generosa propina, nos colocaron en la primera fila. Lo mismo sucedió la segunda noche. Cuando fuimos al tercer espectáculo se repitió la fórmula, entonces, le pedimos al mayordomo que nos ubicara en una mesa desde la que apreciáramos mejor el conjunto. Habíamos abusado de los detalles. Entendimos el valor de ver desde lejos.

Así nos pasa ahora. Estamos en un viaje terapéutico, pues creemos imprescindible tomarnos una “vacaciones” para ausentarnos del ring de boxeo y poder apreciar, con otra perspectiva, lo que sucede en nuestro país.

Estamos a siete mil kilómetros de distancia, en ambientes muy distintos y visitando lugares de paz, de diversiones, de turismo y de vida que la gente aprecia.

En estos países donde el ciudadano es importante, la mano de los gobiernos existe para propiciar la felicidad de sus hombres y sus mujeres. Para que la sociedad prospere. Para que los niños crezcan aprendiendo de los mayores y bajo sistemas educativos amplios y libres. Donde los mayores reciben el respeto, el cuido de su salud, el esparcimiento que es la natural retribución de los tantos años de laborar y de luchar. En estos países las leyes son para cumplirlas…y para cumplirlas TODOS.

No son sitios sin problemas, nos son islas como Barataria, la de Sancho Panza, son ciudades y países donde la comunidad persigue el bien común, donde los políticos son elegidos por consenso de los ciudadanos y tienen que rendirles buenas cuentas porque si no, los substituyen.

No son situaciones perfectas, son comunidades organizadas dentro de parámetros legales muy claros, cumplibles y cumplidos. Donde los delitos se combaten y a los culpables se les condena, con justicia y equidad.

Estamos recibiendo una terapia de distancia, elemento imprescindible para acercarnos a la realidad.