Rafael Díaz Casanova @rafael862 | La iglesia de El Guri

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Una iglesia ecuménica

 

imgres-1Dentro del singular grupo de veintiocho compañeros de estudios que obtuvimos el título de ingenieros civiles, otorgados por la Universidad Católica Andrés Bello el 29 de julio de 1963, aparece en los primeros lugares del orden alfabético nuestro querido amigo Gerardo Chavarri @echt67. Para aquella época no había, en las facultades de ingeniería del país, muchos títulos diferentes. En la UCAB, fue al año siguiente cuando se graduaron los primeros once ingenieros industriales.

Debemos anotar que por diseño o por defecto, hemos constatado que ingenieros civiles han desempeñado cargos muy importantes y han actuado destacadamente en casi todas las profesiones. De hecho, sólo nos falta ver a un ingeniero con un bisturí en la mano y no excluimos la posibilidad de que ante una emergencia importante, algún colega haya competido con Esculapio.

Screen Shot 2016-04-29 at 10.47.17 AMGerardo Chavarri, como era frecuente en aquellos pretéritos tiempos, sin demasiados trámites, fue contratado por EDELCA, para comenzar a trabajar, como joven recién graduado, en la construcción de la represa de El Guri. La obra de ingeniería más importante que se realizó en Venezuela durante todo el siglo XX.

Recibió su título y se fue a Guayana a aprender y aprehender todo lo que hoy sabe. Le tocó presenciar los trabajos que sucedieron para el desvío inicial del caudal del río Caroní y fue testigo de la primera explosión de dinamita que se realizó en la obra. Y allí permaneció hasta la finalización de ella, aumentando sus conocimientos y progresando en los escalafones técnico y administrativo, hasta llegar a ser el hombre que desde el servicio en la empresa pública, entregó su vida a la presa y sus instalaciones para producir electricidad y se convirtió en el experto más completo del país y de la región, en construcción y administración de presas de gran envergadura.

Transcurridos cinco años del inicio de los trabajos, se presentó el momento en el que la presa, concluida su primera etapa, debía inundar una muy amplia parte de la geografía de Guayana y entre los espacios a inundar debía desaparecer, como en efecto sucedió, la original población de El Guri, que dio nombre a la presa y que tuvo que ser desplazada al campamento desde donde se dirigía y coordinaba la obra.

En El Guri, había una pequeña iglesia católica consagrada a la devoción de San Buenaventura y donde el Padre Salvador Gámez atendía las necesidades espirituales de los habitantes que se adherían a la iglesia de Cristo, de la Virgen y de todos los Santos. Antes de que se abriera la vía de aguas que inundaría los primeros ochocientos kilómetros cuadrados de tierras habitadas, se retiraron de la iglesia tanto la imagen del santo como las columnas de madera que soportaban la construcción.

Toda la población, sus pequeñas empresas de servicios, la iglesia y un hotel se desarrollaron en el campamento desde donde, originalmente, se atendían los requerimientos humanos, técnicos y administrativos de la obra, y todo ello se hacía bajo la gerencia de Chavarri.

Un día, a comienzos de los ochenta, el Padre Salvador, Capellán de la capilla, le dice a Chavarri que se había reunido con el ingeniero Efraín Carrera, quien era el Vicepresidente de EDELCA, hombre muy apreciado por todos, y le había informado que se iba a construir la nueva iglesia, pero había un elemento digno de atender. El ingeniero Carrera era evangélico, profesaba otra religión y planteó como necesario que la nueva iglesia fuera lo que se conoce con el adjetivo de ecuménica.

Así se lo informó Salvador a Chavarri. Este, responsable tanto de las construcciones como de sus costos, reaccionó inmediatamente y le dijo al sacerdote… Claro Padre Salvador, pero será una iglesia “ecunómica”. Así existe hoy, preciosa y modesta, para la atención espiritual de todos los ciudadanos de la región.Screen Shot 2016-04-29 at 11.11.02 AM