RAFAEL DÍAZ CASANOVA @rafael862 | Margarita es una lágrima

Screen Shot 2016-09-02 at 11.39.3916 DE SEPTIEMBRE 2016

 

Margarita es una lágrima,

Que un querubín derramó,

Y al caer en hondo piélago,

En perla se convirtió.

Inocente Carreño

Margarita es, o debiera ser, la expresión más acabada y perfecta de la felicidad de un pueblo. Conocimos la isla cuando apenas comenzábamos nuestros estudios de ingeniería en la esquina de Jesuitas, en la Universidad Católica Andrés Bello, hace unos sesenta años; fue gracias a que paralelamente nos desempeñábamos como estudiante y colaborábamos con los ingenieros y técnicos de la poderosa empresa Técnica Constructora (uno de los miembros del consorcio constructor), cuando tuvimos la oportunidad y el privilegio de frecuentar las obras que desarrollaron el Acueducto Submarino que lleva el preciado líquido desde la Presa de Turimiquire, en el Estado Sucre, hasta las islas de Margarita y Coche gracias a dos tuberías de acero de veinte y de ocho pulgadas de diámetro, respectivamente.

La estrofa del Maestro Inocente Carreño, que le sirvió de leitmotiv para desarrollar su maravillosa Suite Margariteña, insinúa, en dieciocho palabras y con español prístino, toda la belleza de la isla mayor de Venezuela.

Margarita, desde aquellos años en la que la descubrimos, ha pasado por infinitas situaciones, buenas…magníficas y malas…horribles.

A mediados de los años cincuenta, la isla era un paraíso natural. Playas inenarrables, geografía maravillosa, paisajes insulares privilegiados y una población auténtica y sana, al extremo de que se decía que la cárcel siempre tenía sus puertas abiertas…no había presos, no había delincuencia. La gastronomía era, como afortunadamente se conserva, una comida provista por la naturaleza. El hondo piélago le sigue aportando las proteínas que suministran los peces, moluscos y mariscos que cada día, sus noctámbulos y madrugadores pescadores traen a sus orillas. Tienen productos de la tierra maravillosos, donde se destacan con singularidad notable los tomates multicolores con sabor propio, único y el famoso ají dulce que no solo es imprescindible en casi todas sus preparaciones, sino que tiene la particularidad de que pierde su picor cuando se le intenta reproducir fuera de su insular ambiente. En Margarita se cuidan y se consumen aves de corral de las llamadas picatierra.

La música margariteña, polos, jotas, fulías y galerones, es tan auténtica que no es difícil encontrar sus raíces españolas, después de cinco siglos. Además, ha sido cuna de venezolanos singulares y superiores en muchos campos de nuestra cultura.

No debemos perder ni tiempo ni espacio en narrar la gran cantidad de agresiones que se le han inferido a todas las bondades de Margarita. Hoy, su vialidad es muy buena, pero su urbanización es desordenada y especulativa. Sus recursos, en gran cantidad, han sido mal explotados, hay muchos errores y contados aciertos.

La guinda de la torta se está sucediendo al mismo tiempo que usted, apreciado lector, lee estas líneas. En la isla se está celebrando una reunión de países No Alineados, patrocinada y forzada por el régimen que nos destruye, que es no sólo un alineado, sino el arruinado financista del fracasado comunismo internacional.

No tendría notoriedad pues varios han sido los foros, meritorios o no, que han tenido a Margarita como sede; pero en esta oportunidad se han batido todos los récords.

Para que se suceda tan curiosa reunión se ha violado el derecho sagrado de todos los venezolanos, que está perfectamente consagrado en la Constitución vigente, de la libre circulación por el territorio nacional. Para ello, se ha prohibido los vuelos de aparatos pertenecientes a particulares o a empresas aéreas, durante todo el tiempo en que las fuerzas del régimen han tomado, militarmente, toda la isla.

Pero las barbaridades, o mejor dicho, los abusos inaceptables, no están restringidos a la circulación. Simultáneamente se insulta de manera grosera a toda la nación cuando en un país donde hay una escasez feroz tanto de alimentos como de medicinas, se importa, cantidades enormes de insumos para el consumo de los asistentes al inútil aquelarre.

Y el hasta aquí, lo encontramos cuando nos enteramos de que ante las expresiones de desprecio a las invitaciones, el gobierno ofrece enviar aeronaves para que den la colita a invitados de segunda y tercera importancia.

Pobre Venezuela y cuán justificadas están, en esta oportunidad, las tristes lágrimas de nuestra bella isla.