Rafael Díaz Casanova @rafael862 | Marisabel Gómez

Mañana es Nochebuena. Tiempo de paz, de armonía, de fiestas y de dar, de compartir, de construir, de desprenderse.

Queremos dedicar estás líneas a destacar la labor de los trece años más recientes de Marisabel Gómez González, una venezolana ejemplar, que ha estado acompañada de una leucemia por todos esos años y lejos de sentirse disminuida y de entregarse a rumiar su enfermedad, decidió levantarse sobre su padecimiento y hacerse útil a los enfermos de eventos similares al suyo.

Para nadie es secreto que cuando le diagnostican a un enfermo esa calidad de enfermedad, su reacción inicial puede ser devastadora. Surge una pregunta que es muy generalizada: ¿Por qué a mí? Seguida de otras: ¿Cuáles son las causas? ¿Cómo debo ser tratado? ¿Cuánto tiempo me queda? ¿Cómo va a ser mi vida en los días, meses…que me quedan de vida?, Marisabel se hizo otras muy distintas. La fundamental: ¿Qué puedo hacer yo por mis semejantes, por aquellos que sufren mi misma enfermedad?

Vinieron los primeros tiempos, los de diagnóstico, de pesquisas, los de los primeros tratamientos y los de darse cuenta de la realidad de los pacientes similares. La primera carencia que encontró es una terrible falla de suministros acompañada de unos costos difíciles de satisfacer. Entonces, conocedora del mundo de las organizaciones no gubernamentales, sin fines de lucro y efectivas para sus beneficiarios, comenzó a organizar grupos de pacientes que tenían comunión de padecimientos, y…entonces dio el paso más importante: Se dirigió a los laboratorios que fabrican, distribuyen y venden esos medicamentos. Logró ventajas para sus pares. Suministro seguro y precios preferenciales que llegaron hasta el nivel de donaciones para aquellos individuos que las necesitaban y que no podían satisfacer sus precios.

Pero Marisabel no se conformó con ese triunfo. Paralelamente, se puso a documentarse sobre la parte teórico-científica de los padecimientos de sus amigos y comenzó a ser invitada a las convenciones y charlas patrocinadas por los laboratorios y donde asisten los médicos especialistas de las regiones o del mundo. ¿Para qué?, para cerrar el círculo humanitario de los productores y vendedores de los medicamentos, estimular la imprescindible labor de los profesionales especialistas y las necesidades de los pacientes impacientes por lograr un avance en su denodada lucha.

Todo ello ante la mirada distraída y ausente de un Estado y un régimen destructor de todo cuanto toca.

Vinieron días distintos. Marisabel y su hija María Leonor, quien la acompaña, respalda y asiste en todas sus actividades, deciden irse a otra parte. Su vida en Venezuela se les hizo insufrible. Hoy, tienen dos años en Costa Rica, en el país de “pura vida”, y naturalmente, ella está inmersa y aportando su enorme experiencia a los amigos “ticos”, quienes la han respaldado y le dan apoyo. Tal como lo hacía en Venezuela.

Marisabel cumple con el espíritu cristiano de la Navidad, esparce bondad y ayuda a sus queridos enfermos, lo hace a tiempo completo, todos los días del año. Y tiene el respaldo y el reconocimiento de la sociedad y de todo aquel que la requiere. Un magnífico ejemplo para estos días. Dios nos la cuide!