Rafael Díaz Casanova @rafael862 | Sin fines de lucro

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Venezuela hoy es un país lleno de paradojas. En estos últimos días, comenzando la semana, el Ministro para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, Jorge Alberto Arreaza Monserrat, declaró que las universidades privadas no pueden ser empresas con fines de lucro. Que estas instituciones deben permitir las inscripciones de sus alumnos sin incrementar el monto de la matrícula.

Menuda paradoja en un país donde la nomenclatura ha tenido como uno de sus objetivos fundamentales el lucro personal a cualquier precio y con cualquier método. Y tenemos una inflación que tiene tres dígitos.

Vamos a tomar una ruta ilustrativa. Las universidades son centros de instrucción del tercer nivel. Tienen como objetivo fundamental el difundir las materias formativas e informativas que permitan a sus alumnos obtener grados de especialización en profesiones necesarias para el desarrollo nacional.

Este tercer nivel de instrucción tiene la responsabilidad de formar a los alumnos tanto técnica como moralmente de manera que sean buenos ciudadanos y puedan dirigir al conglomerado que atiendan, para tener un país mejor. Esto fue lo que nos enseñaron nuestros profesores.

Debemos trasladarnos al año 1953, época de una dictadura diferente, presidida por el entonces Coronel Marcos Pérez Jiménez, que tuvo especial atención por la planta física de la nación y donde la educación que se impartía era de muy buena calidad y de escasa cobertura nacional, especialmente en los niveles más avanzados. No conocemos los números de las estadísticas universitarias, más si recordamos que el total de los alumnos que atendían las clases de bachillerato en toda la nación, apenas sobrepasaban el guarismo de ochenta mil jóvenes. Éramos uno de ellos.

En aquel  año y gracias a la iniciativa dirigida por el Ministro de Educación Dr. José Loreto Arismendi, se inauguraron las primeras dos universidades privadas de Venezuela: La Universidad Santa María, dirigida por doña Lola Fuenmayor Rivera y la Universidad Católica que transcurridos pocos meses se colocó bajo la inspiración de don Andrés Bello, el humanista más importante y universal que vio la luz en esta nación. El año anterior, la Universidad Central de Venezuela se había mudado a la Ciudad Universitaria del arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

Con el transcurso del tiempo, la instrucción de nuestros conciudadanos ha estado sometida a muchos cambios y expansiones, lo que en la categoría de educación universitaria, hoy existen universidades experimentales, universidades tecnológicas, universidades militares y quizás otras categorías que desconocemos. Muchas de ella son oficiales y también existen varias que tienen origen privado.

Durante todos estos años transcurridos desde aquel ya lejano 1953 hasta nuestros días (63 años) son muchos los avatares que en el buen camino o en el equivocado, han gozado o padecido estas y todas las organizaciones dedicadas a la instrucción de nuestro niños y jóvenes. Son menos las actuaciones positivas, pero no podemos dejar de mencionar al que consideramos el paso más importante que se ha dado en este país en el campo educativo, la creación de Fe y Alegría, labor dirigida por el sacerdote jesuita José María Vélaz quien comenzó su primera escuela en la vivienda que le puso a su disposición el obrero caraqueño Abraham Reyes en 1960. Hoy, Fe y Alegría no solo atiende a un número muy importante de niños y jóvenes venezolanos sino que ha extendido sus actividades a casi todos los países latinoamericanos, a varias naciones africanas y también atiende escuelas en España. Una obra ciclópea!

Los años más recientes, los últimos diecisiete, han sido muy escabrosos para casi todos los institutos privados y públicos que atienden a nuestros jóvenes. Presupuestos deficitarios, disposiciones intervencionistas y acciones inadecuadas plagan las relaciones de las escuelas y las hoy muy numerosas oficinas “reguladoras”.

En el mundo de la instrucción privada tenemos que recordar algunos nombres emblemáticos: los hermanos Martínez Centeno que en los comienzos del siglo XX y desde su Instituto San Pablo, esparcieron muy buena educación e instrucción a los jóvenes caraqueños, el profesor don Julio Bustamante quién desde su Colegio Los Dos Caminos, no solo formó estupendos ciudadanos sino que dedicó muy especial atención al deporte, especialmente al futbol, al profesor Anselmo Alvarado Dorato con su Instituto Escuela, a la ya mencionada doña Lola Fuenmayor quién había comenzado sus labores en el Colegio Santa María donde se impartía buena educación mixta. Unas pocas palabras a nuestra primera maestra, Mireya Lozada, quién  tenía el kínder donde aprendimos las primeras letras y luego la encontramos en el Instituto Politécnico Educacional de Luisa Amalia Vegas en la Avenida Los Jabillos. Al hermano de esta, Rafael Vegas Sánchez quién además de ser brillante Ministro de Educación, fundó el importante Colegio Santiago de León. A esta pequeña lista de héroes educativos, que es deficiente, tenemos que agregar a las instituciones religiosas y regionales que han regentado los centros educativos más completos para jóvenes de uno y otro sexo. Existen varias otras instituciones de actuación importante y de origen privado.

Es necesario reconocer las acciones de toda la instrucción privada y debemos ubicarnos en la situación legal de que cada una de ellas tenga los objetivos que sus promotores decidan, tanto de la organización como de su realidad económica.

Solo la concurrencia de las acciones públicas con los esfuerzos de las organizaciones y personas privadas nos harán un país mejor.