RAMÓN GUILLERMO AVELEDO Si algo depende de una persona, entonces no vale la pena

ELVIA GÓMEZ |  EL UNIVERSAL  miércoles 6 de agosto de 2014

Screen Shot 2014-08-06 at 9.07.49 PMDesde el Instituto de Estudios Parlamentarios “Fermín Toro”, Aveledo se dedicará a las políticas públicas y a ofrecer respaldo a los alcaldes y concejales electos en la Unidad EDSAU OLIVARES

En la MUD hubo gente que defendió ardorosamente el derecho a incumplir los acuerdos
Tenemos que acompañar a nuestros alcaldes, aquí todos somos fiadores solidarios
En diciembre de 2013, Ramón Guillermo Aveledo puso a la orden su cargo como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, que ejercía desde marzo de 2009. Siguió al frente de la alianza y, en enero de 2014, rechazó la iniciativa de ser ratificado para que se definiera antes la línea de acción política, que sigue sin ser desarrollada por los acontecimientos de calle que han sumido a la coalición en la parálisis. El 30 de julio, Aveledo sorprendió al país con su dimisión.-Con su renuncia dijo que recuperaba su derecho a opinar. ¿Qué puede decir ahora que no dijo antes? 
-Creo que nos falta activismo de los partidos, y donde la organización partidaria no sea suficiente, que haya activismo unitario, como los comandos familiares de la campaña. El verdadero encuentro de la política con la sociedad está en la acción con la sociedad de carne y hueso. En eso insistí mucho, es una autocrítica que no niega el valor de lo hecho. Como en Venezuela personalizamos tanto, pensaban que mis opiniones eran las de la Mesa y, claro, yo no tenía desacuerdos insalvables, pero a veces defendí posiciones que no eran las mías, pero no había con eso un desacuerdo insoportable.

-¿Fue un desacuerdo insoportable por el que dimitió? 
-No fue por eso sino por una constatación. ¿Cómo ejerce alguien que no es el jefe de un partido, no tiene recursos qué distribuir y no tiene puestos de poder qué dar? Por la persuasión, y ella se basa en la confianza mutua. Esa confianza está rota, dado que directores de partido expresaron desconfianza en la posición que yo sostenía. Desconfianza no es desacuerdo, es desconfianza. Si uno tiene que evitar decir toda opinión en el debate, entonces es una esterilización que no puedo aceptar. Me frenaba para irme que yo le tengo cariño a la obra que construimos entre todos y el impacto que podía tener en nuestra gente. Pero yo pensé: “Si algo depende de una persona, entonces no vale la pena”. Yo soy partidario de la creación de instituciones y para eso hemos trabajado. Cinco años es suficiente y -no fue mi intención primaria, pero sí derivada- di un ejemplo, modesto, sin mayores pretensiones: para servir no hace falta tener un puesto. Las competencias por la figuración nos desvían del compromiso que tenemos. Nosotros tenemos una hoja de ruta, que es el informe de la comisión que designamos a fines de 2012 a propuesta mía, pero esta vorágine se comió nuestro tiempo.

-Habla de desconfianza, pero tras su renuncia todos los partidos le expresaron su respaldo. ¿Algunos abusaron de su paciencia creyendo que por otras aspiraciones soportaría todo? 
-(Risa). Esa pregunta tiene varios filos. Uno de los riesgos que tenemos los políticos es que no nos crean, que siempre nos atribuyan segundas intenciones. Yo siempre lo he dicho y al final lo demuestro: no hay cartas escondidas. Están diciendo que mi intención es fundar otro partido y ser candidato presidencial. ¡No, vale! Yo quiero seguir sirviendo a la Unidad y si ya no podía como secretario ejecutivo, pues lo hago desde aquí (Instituto de Estudios Parlamentarios Fermín Toro). Estamos apoyando a alcaldes, diputados, partidos, a todo el que quiera. En el discurso, donde anuncié mi decisión, dije que las claves para renovar la unidad eran: sinceridad, seriedad y responsabilidad. La verdadera renovación de la Unidad no es en el mensaje o la estructura, es en el compromiso unitario. Ese espíritu yo lo he encontrado con fuerza después de mi decisión. Estuve en El Vigía, Ejido, Mérida, al día siguiente, un viaje que estaba previsto…

-No anda en campaña… 
-No, no. Había estado la semana anterior en Chaguaramas, el Sombrero, Valle de la Pascua y El Limón. Y antes en San Juan de Los Cayos, Chichiriviche, Jacura y Los Taques.

-¿En asambleas locales? 
-En cada municipio yo me reúno con el equipo de gobierno del alcalde y con los concejales para ver en qué podemos apoyar. Tenemos la Gestión de Gobierno Municipal que maneja Carlos Mascareño, coordinador del doctorado del Cendes de la UCV. Como colofón hacemos una asamblea con la gente, que está deseosa de saber de la política nacional. Eso lo empecé en Lara. Este plan se demoró por los acontecimientos del primer semestre y ahora me voy a dedicar a las políticas públicas y al apoyo de la gestión parlamentaria regional y local.

-Dijeron que la gestión municipal sería la base para sumar apoyo social a la MUD. ¿Qué ha encontrado? 
-He sentido preocupación, deseo de trabajar, un gran sentido práctico. Me he encontrado con gente trabajando duro para resolver problemas.

-Henry Ramos pidió que reconsiderara su renuncia. ¿Ya le respondió? 
-No. Lo he visto en los medios. Yo le agradezco a Henry el apoyo que me dio por cinco años. Henry para expresarse es de una gran franqueza, que es la base de nuestra amistad, nacida en el desacuerdo. Pero yo soy larense, de la zona de cardones y chivos, así que sé lo que le pasa a los chivos que se devuelven. Yo puedo servir más en esta condición de militante. El que AD, con el cual yo tengo una vida de confrontación, haya sido tan colaborador, muestra las virtudes de la unidad. Salgo con una serie de nuevos amigos, como Henri Falcón, Liborio Guarulla o Simón Calzadilla. Jóvenes como Henrique Capriles, Julio Borges o Tomás Guanipa. U Omar Barboza y Enrique Márquez. En los partidos hay mucha gente que el país debería valorar más.

-Tras su renuncia, algunos partidos apuntan al incumplimiento de los acuerdos por una minoría como la causa de la crisis. ¿Sin mecanismo disciplinario cómo evitar que eso se repita? 
-(Risa) Antes dije la fórmula de sinceridad, seriedad y responsabilidad. Eso es para todos. Así como en todos esos reconocimientos yo recuerdo el valor de la sinceridad, también a eso me refiero cuando evalúo el cumplimiento de la palabra empeñada. La Mesa no puede tener mecanismos disciplinarios, no se expulsa a un partido por lo que alguien incumplió. Inclusive, cuando se acordaron las reglas para la elección municipal -que partido que no apoyara las fórmula unitaria quedaba excluido- hubo gente que defendió ardorosamente el derecho a incumplir los acuerdos. No el derecho a disentir, sino a incumplir. ¿Cómo se garantiza el cumplimiento?, cuando la gente efectivamente se involucre en los acuerdos. La materia prima de la política es la palabra, quien no la cumple puede engañar a los demás sólo una vez, ya esa confianza se rompió. La gente tiene que saber qué es lo que nosotros representamos y eso requiere consistencia. El balance de la MUD no es para conformarse, pero es muy positivo. Y ahora que lo puedo defender sin sospecha de que estoy defendiendo un puesto, lo digo con mucha fuerza. La Mesa logró una unidad política, estratégica, programática y electoral. Ahora dicen que es “meramente” una alianza electoral, cómo se ve que los que dicen eso no han tenido que trabajar para formarla y mantenerla. Ahora, para alcanzar la mayoría social y el cambio político, necesitamos mayor compromiso. Lo que nos falta no lo haremos con un compromiso laxo, relativo.

-Hay en la MUD quienes han roto su palabra más de una vez y siguen teniendo apoyo popular. 
-Tiene que haber una autocrítica grande, no para decirse cosas por los periódicos y acusarse mutuamente. Siempre, para lograr un acuerdo, hay que estar dispuesto a ceder. Nadie puede aspirar a que haya un acuerdo político en el que los demás acepten lo que yo quiero, cuando y como lo quiero, y esas concesiones tienen que producir políticas eficaces, no puede ser tan cuidadoso un acuerdo que no sirva para nada. Hay ámbitos propios de la soberanía partidista y otros de la alianza, y yo he insistido en que se definan. El debate interpartidista debe ser pospuesto porque la realidad impone una dinámica de cooperación. Fue así como avanzamos en la agenda parlamentaria, en las 100 Soluciones, en los lineamientos que los precandidatos suscribieron antes de las primarias, y en el programa municipal.

-Si la tarea es la política de calle, hasta ahora la MUD hace lo que el perro del hortelano. La crisis económica ha sido desaprovechada. 
-La Secretaría Ejecutiva es como la quilla del barco, mantiene el rumbo decidido por los partidos. No podría un partido excusarse en la omisión de la Mesa ni viceversa. La Mesa definió una política a comienzos de 2014 y, atrapada en el conflicto nacional, terminó no aplicándola. Eso apuntaba a que la construcción de la mayoría social se hacía concentrando la oposición en los temas económicos y sociales. No voy a llorar sobre la leche derramada, pero el primer semestre lo perdimos. Yo no quiero que perdamos el segundo en otra discusión adjetiva: constituyente, congreso ciudadano. ¿Y no hemos dicho nada? Sí, sí hemos dicho. No ha habido acontecimiento económico al cual no hayamos reaccionado, y el documento que entregamos en Miraflores sobre la política económica, era crítico y propositivo. El triunfo de la noche del 10 de abril fue que los dirigentes de la Unidad tenían los pies en la realidad, mientras el Gobierno repetía lugares comunes propagandísticos. Esa es la calle que nos interesa, pero no hemos hecho política al detal.

-Los que más critican a la MUD son los que más la necesitan si quieren ser competitivos en 2015. ¿Qué opina? 
-En la agenda ya están las parlamentarias y las elecciones han sido el gran movilizador. Aquí ninguna marcha ha tenido 7 millones 300 mil participantes, como la votación de Henrique Capriles. Nos convienen, nos han permitido organizarnos y movilizarnos, es una oportunidad real de inferir en los cambios. Creo que todo el mundo piensa en eso aunque no lo reconozcan. Faltan 13 meses, la vez pasada resolvimos de noviembre a abril, ahora tenemos más experiencia. Hay que ponerse en eso ¡ya!, y es mentira que eso significa soslayar los problemas de la sociedad. Ese es un falso dilema.