RAMÓN HERNÁNDEZ @RAMONHERNANDEZG | “Dar de baja” y “abatir” por asesinar

Desde hace poco más de tres lustros la cotidianidad se ha coloreado de verde oliva, que es el color que visten los soldados y oficiales cubanos, y que por alguna regla de tres nunca explicada y sin solución de continuidad convierte a los salvajes milicos de las dictaduras de la derecha, a los protectores de las burguesías y oligarquías nacionales en fuerzas revolucionarias que participan en la justa y equitativa distribución de la riqueza.

Quienes ayer eran víctimas de criminales emboscadas y eran asesinados por la espalda en alcabalas solitarias o en paseos dominicales en el tren del Encanto –por orden del responsable militar del PCV Guillermo García Ponce, quien con su hermano Servando, el agente soviético, fundó con dineros públicos esa empresa familiar que es el diario Vea– hoy comandan operativos destinados a exterminar el hampa con la misma sangre fría y la misma saña que empleaban sus enemigos comunistas, sin el debido proceso y sin haberse instaurado la pena de muerte.

Ayer, los diarios dieron cuenta de la información suministrada por el mayor general Néstor Luis Reverol, ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, en la que anunciaba la muerte de 19 personas; según Vea, dados de baja; según el buen periodismo (sic) que hace Eleazar Díaz Rangel en Últimas Noticias, en tiroteos con la policía, aunque en las páginas internas titulan De baja dos robacarros (sic).

La información oficial sigue los trámites de un parte de guerra. No da nombres de los caídos –el enemigo no tiene nombre– ni detalles de cómo ocurrió el enfrentamiento, solo el sito donde ocurrió. Son tiroteos tipo Hollywood: las víctimas siempre son del otro lado y nunca queda demostrado que el muerto era el azote del barrio ni que desobedeció la voz de alto.

Tanto familiares como las organizaciones defensoras de los derechos humanos han denunciado las tropelías que se cometieron en las fases anteriores de las operaciones de liberación y protección del pueblo (OLP), pero para acallar cualquier disidencia a tal manera de combatir el delito, que se reduce a echar plomo a diestra y siniestra sin pudor alguno, aseguran que con esa matazón bajaron los índices de secuestros, homicidios y robos, algo que todos desean y hasta aplauden.

En la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía General y el Tribunal Supremo de Justicia no se han pronunciado. En sus filas y al frente de otras instituciones de la alta burocracia figuran viejos ex luchadores y ex defensores de los derechos humanos, que combatieron por el debido proceso, pero ese era un trabajo político: ya tomaron el poder y disfrutan sus mieles.

Cerrado por luto