RAMÓN HERNÁNDEZ @RAMONHERNANDEZG | Mala y larga noche

Ahora el sueño más recurrente es comida. He pasado noches enteras soñando que sacio el hambre con los frutos más extraños, que me invitan a convites de arepas con mortadela con la formalidad de un festín en el que sirven langosta y caviar rosado rociado de Don Perignon vendimia 2002, como a los que invita el corredor de seguros y cantante Diego Salazar en sus ratos más aburridos. También el sueño se entretiene en la búsqueda de máquinas de contar billetes como las que tenía en su apartamento Danilo Anderson, siempre tan previsivo en asuntos de inflación.

Con la lluvia la preocupación ha sido la torrentera que corre justo detrás y que con frecuencia se tapa y se sale de madre, pero desde que Jessie Chacón repotenció Corpoelec se repite la pesadilla de que duermo con la luz prendida por días y noches enteros o apagada por horas infinitas, que paso de la claridad a la oscuridad con la precisión de un chip electrónico. También es parte del sueño que se repitan portadas de diarios y revistas en las que anuncian la rectificación del modelo económico, el pago a los proveedores de materias primas para reanudar y reimpulsar la producción de alimentos, medicinas y productos para la higiene personal, como una primera fase; después, de todo lo demás que fue pulverizado por el “exprópiese”.

Habiendo fracasado el socialismo del siglo XXI, como era obvio, persisten en su fórmula. Nunca obtendrán resultados distintos si siguen la receta del viejo Marx que castra al capitalismo de sus factores más dinamizadores: el libre mercado y la propiedad privada. Fidel Castro que nunca fue economista ni marxista, apenas un aventajado encantador de serpientes, se dio cuenta de su equivocación y admitió que el socialismo cubano no servía para nada, pero lo mantuvo para poder birlarles a unos ilusos ignorantes 110.000 barriles diarios de petróleo, suficientes para garantizar por varias decenas de años más el mandato de los suyos, incluido el vástago boca sucia que vive en California.

El fracaso del Plan de la Patria y la inoperatividad de los 14 motores de Nicolás Maduro no pueden ser más evidentes y escandalosos. El pobre escarba en la basura para conseguir qué comer, los empleos se esfuman con el cierre de empresas, los comercios no tienen capital para reponer los inventarios y los compradores se redujeron a una muestra médica.

El rotundo fracaso del modelo impuesto ha devenido en catástrofe. La crisis humanitaria supera las peores estadísticas de las penurias de África y Haití, pero la camarilla gobernante quiere obligar al país a respaldar su “quehacer económico”, y antepone las anémicas bolsas del CLAP a cualquier entendimiento. Vendo supositorios de sentido común, larga duración garantizada.