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RAMÓN HERNÁNDEZ @RAMONHERNANDEZG | Villeguitas regresó de la Luna

Mi amigo el desfacedor de mitos y otros entuertos colecciona especímenes imaginarios. Cuando me lo contó no entendí. Quedé tan en la inopia como Diosdado Cabello cuando le hablan de la democracia, derechos de las minorías y honra, la deshonestidad es otro asunto. Salí de Babia cuando me habló de Rocinante y de la imposibilidad de mantenerlo con la actual crisis económica y de lo mal que se llevaba el caballo de don Quijote con Rin TinTin, el perro fiel del cabo Rusty, el niño soldado.

Habiendo acondicionado un galpón para los “objetos” relacionados con el cine y la literatura –desde la capa de Supermán y el antifaz de Batman hasta el submarino Nautilus y una foto en colores del capitán Nemo–, y con la satisfacción de poseer la mayor colección de adminículos relacionados con Cervantes, quizás por sus orígenes canarios, le ha dado por hacer un arqueo de la obra de gobierno del régimen instaurado en los últimos 20 años. Le hice la aclaratoria, pero me insistió en que la pesadilla no empezó en 1989 sino 3 años antes con la desaparición de la corona de Irene Sáez en el ayuntamiento de Chacao, y que está en su poder. No quise discutir.

Me llamó porque se ha quedado sin espacio desde que Ernesto Villegas reasumió el Ministerio de la Verdad y con las nuevas adquisiciones tuvo que desprenderse de un ladrillo de oro de El Dorado, la espada y la mesa redonda del rey Arturo y hasta de un par de sábanas y la almohada chiquita del amante de Lady Chatterley, junto con el maletín y la ametralladora que Adriano González León puso a disparar a Andrés Barazarte en País portátil. Mi amigo ha pasado del asombro al delirio con los embustes de Villeguitas. Ya tiene la escaladora y la caminadora en la que Hugo Chávez se ejercitaba minutos después de haber sido sometido a una traqueotomía y haber conversado más de siete horas con sus ministros en persona y en videoconferencia desde La Habana.

Para hacer espacio al benjamín de la tribu Villegas almacenó en un disco externo de 12 terabytes lo anuncios de Elías Jaua y Juan Carlos Loyo sobre la producción agropecuaria en los hatos, haciendas, fincas y conucos que expropiaron para ellos no pasar hambre más nunca. Ahí está la cosecha de arroz del hato El Frío que hizo llorar a Jorge Giordani en pleno consejo de ministros, las lágrimas derramadas y una botella de semen de los supertoros que fabricaron en el centro genético Florentino.

Mi amigo no cabe de dicha con aportes inéditos:

todas las partidas de nacimiento de Nicolás Maduro, incluida una original de La Habana y otra en el hospital de Los Magallanes, que todavía no se había construido.

Vendo máquina de mitos, utopías y similares.