Ramón José Medina: Si somos la alternativa democrática, no hay excusa para la división

8 de Agosto, 2014 Screen Shot 2014-08-11 at 6.22.45 AMProdavinci

Fuera ya de la Mesa de la Unidad Democrática, Ramón José Medina, ex Secretario Adjunto, hace un balance de lo vivido por la institución. Habla de “La Salida”, del frustrado diálogo, del futuro de la Unidad y nos da su visión sobre las perspectivas de la acción opositora

Screen Shot 2014-08-11 at 6.23.03 AMEn los últimos meses, tras la división de facto del sector opositor entre “salidistas” y “no salidistas” llovió un sinfín de invectivas contra la Mesa de la Unidad Democrática, desmereciendo su función. Usted, que estuvo en su dirección desde el principio, ¿podría refrescarnos cuáles fueron los principales logros de la entidad? Es un lugar común apostillar nuestra memoria como de muy corto aliento. Por eso son importantes los balances, los arqueos de caja. Mucha gente se olvida de que, hasta su creación en agosto del 2009, no veíamos luz. La diferencia entre el chavismo y nosotros en los procesos electorales rondaba los 20 puntos porcentuales. La constante era un 60-40 a favor del oficialismo, salvo en casos excepcionales. Las circunstancias cambiaron radicalmente con la aparición de la MUD. Las distancias se acortaron hasta estabilizarse en 10 puntos y menos, llegando a resultados especialmente positivos como el de las elecciones parlamentarias de 2010 (46,7% contra 45% a favor del oficialismo) y el de las Presidenciales de 2014 (50,61% contra 49,12% a favor del chavismo).

¿Cómo lo consiguieron? Haciendo un esfuerzo para consolidad la acción unitaria. A diferencia de lo ocurrido en las elecciones municipales y regionales de 2004 y 2008 y en las Parlamentarias de 2005, logramos que los grandes partidos no concurrieran con propuestas diferenciadas que desmovilizaran o dividieran el voto opositor. Este error nos había salido muy caro: en las elecciones para las alcaldías de 2004, donde la oposición fue dividida en 259 municipios, perdimos por esta razón en 36. En 2008 fuimos divididos en 183, lo que nos ocasionó la derrota en 28. Para las elecciones del 8 de diciembre de 2013, logramos rebajar considerablemente la cifra de jurisdicciones donde íbamos divididos. Esto se tradujo en que sólo se perdieran 11 alcaldías por esta razón, logrando una reducción de 60,7% respecto a las pasadas municipales. En los procesos presidenciales también conseguimos la unidad alrededor de un solo candidato.

¿Cuáles fueron los principales avances de esa gestión en cinco años? Podría citar las primarias de febrero de 2012 para elegir al candidato único de la oposición, las cuales han sido el proceso pre-electoral con mayor participación en la historia de Venezuela. Logramos una convocatoria de 3.059.024 electores, superando en 500 mil votantes a las primarias con mayor participación del PSUV, con todo y el ventajismo y los recursos que sabemos disponen. Voceros del Gobierno nos auguraban una participación exigua, de apenas 500.000 personas. Puedo mencionarles también la adopción de la tarjeta única: para los comicios de gobernadores del 16 de diciembre de 2012, la MUD presentó sus candidaturas bajo la tarjeta única, la cual se convirtió en la más votada de ese proceso. La situación se repitió el 14 de abril de 2013. Esto ha hecho que el PSUV no haya podido vencer a la oposición por sí solo, lo que lo ha obligado a articularse con el llamado Polo Patriótico como fuerza unitaria.

¿Y en el plano programático? En el plano programático, la MUD hizo que la oposición se presentara por primera vez como una verdadera alternativa de gobierno y no simplemente como un cañón de críticas contra el oficialismo. Se desarrolló la Agenda Parlamentaria y Cien soluciones para la gente, iniciativa que constituyó la primera batería de planes y agendas de trabajo presentados por la oposición en conjunto para cuando se concretara su llegada a los espacios de poder. Produjimos también losLineamientos del Programa de Gobierno de Unidad, firmado por todos los precandidatos presidenciales, quienes acordaron seguir esta agenda de ser elegidos. Constituimos también los Equipos técnicos de políticas públicas, dando cabida a grupos de expertos en distintas materias para nutrir los distintos plan es a presentar al país. De igual forma, existen comisiones de enlace con los partidos políticos a fin de que los acuerdos programáticos sean aprobados por todas las partes sin mayores traumas y divisiones.

Son bastante conocidos sus argumentos en contra de la propuesta de “La Salida”. Pero, por encima de ellos, ¿no considera usted –como dicen algunos– que al menos en el plano internacional ayudó a que se tuviera una idea más fidedigna de un gobierno que hasta ese momento gozaba de la aquiescencia de prácticamente todos los países? Más allá de que el gobierno se quitara la máscara reprimiendo brutalmente como lo hizo, con el consiguiente saldo de muertos, torturados, presos y heridos, en estos seis meses y por la vía de los hechos, “La Salida” generó una coartada al oficialismo, que centró toda su actividad política en la protesta y en cómo atacarla. Eso lo constatamos en el proceso del Diálogo, en las comisiones de trabajo. Las proposiciones que adelantábamos tenían receptividad en el grupo que fungía de emisario, pero cuando éstas llegaban a la instancia de verdadero poder, al sector más radical, el de Diosdado Cabello, las trancaba o las boicoteaba. La lectura era clara: al gobierno no le convenía detener la protesta y esto se convirtió en su estrategia política. Le permitía distraer el efecto social de su desastre económico. Tiraba un velo sobre la escasez y el alza de los precios de los productos. Al punto que comenzó a pasar de contrabando el ajuste, la devaluación, la crisis de los servicios públicos como el agua y la electricidad, sin costo político. Los problemas eran sintomáticos. Ya se veían desde el 2011 y los eventos electorales del 2012 y la gravedad de Chávez fueron escondiendo una crisis que estaba por explotarles en la cara. Le tocaba ahora a Maduro enfrentarla y nosotros, en lugar de hacer lo que nos habíamos propuesto y acordado, que era buscar una conexión con esa circunstancia, con esa conflictividad desde el punto de vista político, nos vimos arrastrados por una solidaridad automática a la que estábamos obligados porque, por lo menos desde la Secretaría, estábamos convencidos de que el valor de la unidad estaba por encima del deslinde con lo que se llamó “La Salida”.

¿Y ahora? Ahora estamos en otra etapa. Yo creo que por fin la de la política. Algunos quieren reeditar “La Salida” por vía también de la protesta a partir de septiembre, cuando los estudiantes retornen a clases. También se habla de un Congreso Ciudadano y de una Asamblea Constituyente. Lo del Congreso se parece mucho a la reproducción de la Coordinadora Democrática, que ya fue un fracaso. La Constituyente requiere de un largo proceso y de un movimiento previo de activismo para la recolección de firmas, y hasta ahora a sus promotores no se les ha visto mover un dedo al respecto. Además, dentro de matrices de opinión importantes, no hay nadie que vea eso como una cuestión viable. Lo que sí veo, insisto, es que nos llegó el tiempo de la política, después de tanto voluntarismo y tantos errores. De la organización de la gente. Tenemos a la vuelta de la esquina unas elecciones parlamentarias y la posibilidad cierta de ganarlas. Y eso hay que asumirlo sin complejos.

¿Qué autocrítica se hace o le haría usted a la MUD? La MUD logró definir una estructura organizativa aceptada por todos sus integrantes, la cual fue complementada con reglas claras, reglas de hierro, para la toma de decisiones. Esto permitió arribar a acuerdos unitarios de cara a todos los eventos. Siempre que la organización tuvo objetivos comunes bien establecidos, logró encontrar una hoja de ruta. Los problemas se derivaron de la ruptura de los acuerdos por parte de algunos integrantes. Ésa fue una debilidad importante: que algunos de sus miembros llamaran unilateralmente a acciones no acordadas. Pero la gran debilidad de la Mesa ha sido no poder transmitir adecuadamente no sólo los resultados de su gestión sino sus propias aspiraciones. No pudimos hacerlo con una contundencia tal que generara la credibilidad necesaria. En el caso de las acciones que auspiciaron la división durante los últimos meses, cometimos un error al sacarle el cuerpo a “La Salida”. Nos parecía una irresponsabilidad, creímos que se podía caer por sí sola y no le dimos respuesta a ese planteamiento político. Después, frente a la violencia generada por el gobierno y su represión, cometimos el peor error: nos pareció que solidarizarnos con las víctimas equivalía a solidarizarnos con “La Salida”. No tuvimos ni la audacia, ni el convencimiento ni el arrojo para distinguir entre lo que era políticamente un error y lo que estaba sucediendo. Debemos reconocerlo. Incluso comunicacionalmente no tuvimos la fuerza para apuntalar el trabajo que realizó la Comisión de Derechos Humanos de la Mesa de la Unidad Democrática, liderada por los diputados Miguel Pizarro y Delsa Solórzano, en relación con las detenciones de los estudiantes, en la que nos ayudaron decididamente Cofavic, Provea, Foro Penal y el Centro de Derechos Humanos de la UCAB.

¿Va la oposición camino de un proceso irreversible de división? Eso es lo que quiere el régimen. Sería criminal. Si de verdad somos la alternativa democrática no hay excusa para la división. Con intolerancia no ganamos nada. Al contrario, perdemos la confianza de ese pueblo que ha resistido estos quince años y alentaríamos su escepticismo. Desde ambos lados de la oposición debemos tender un puente a nuestro compañero que piensa diferente. Se nos impone a todos un ejercicio de tolerancia que rompa la polarización interna. Sin unidad no hay futuro para nadie. La inclusión, el diálogo, debe comenzar por nosotros mismos. La polémica de “La Salida” está superada. Estamos obligados a iniciar un debate en torno a nuestras coincidencias para definir un plan de acción y reimpulsar la lucha. El pueblo espera ese plan, no una guerra de egos. Tenemos el deber de precisar los puntos de encuentro y diseñar una agenda de corto, mediano y largo plazo, con un programa que movilice a la gente contra el paquetazo rojo y recuperemos la calle.