RAÚL FUENTES ¿De qué hablan?

20161128_NACI1_2_1_G1Es brutalmente demostrativa de la futilidad de la mesa de diálogo una infografía publicada por El Nacional en su edición del lunes pasado. Nos impactó, con efecto de shock, su eficiencia comunicacional: apenas un vistazo bastó para inferir de ella que nada importante se ha obtenido en los encuentros celebrados hasta ahora entre el oficialismo y la MUD, y que el atajo de la concordia parece haber desembocado en un cul-de-sac. Por ello, estas divagaciones, sin mucho orden y poco concierto, que estimo pertinentes, aunque algunas parezcan de Pero Grullo. Como la frase que, un par de líneas más abajo, da inicio a nuestro devaneo verbal de este domingo, día de Santa Bárbara y de postrera veneración roja al Bárbaro barbado que casi acabó con Cuba y, si a ver vamos, con Venezuela.

Screen Shot 2016-12-04 at 11.27.59 AMNo todas las discusiones bizantinas tuvieron lugar en Bizancio, Constantinopla o Estambul, que de las tres maneras se ha llamado a esa ciudad que fue griega, romana y turca, y en la que (es fama) se ventilaban asuntos tal el sexo de los ángeles, misterio que obsesionaba a los teólogos de la Academia Patriarcal, mientras las tropas otomanas sitiaban lo que quedaba del Imperio romano de oriente, que era nada; nada, tampoco, podía esperase de una disputa relativa al género de querubes y serafines, inútil u ocioso ejercicio equivalente a precisar si el huevo precedió a la gallina o viceversa. Pero, ya se sabe, en todas partes se cuecen habas; no asombra, entonces, que en cierta localidad bordelesa, famosa por su volatería de corral, intenten elucidar cuál de los muslos del pollo es mejor, el izquierdo o el derecho. Álvaro Cunqueiro, en La cocina cristiana de occidente informa que la cátedra gastronómica se decanta por el segundo, ya que, en su diestra pata se apoya el ave para rascarse con la siniestra, y esta, en consecuencia, es más recia y dura de cocer.

El introito, se cae de Maduro, apunta a indagar de qué van las conversaciones que el mandón quiere prolongar hasta nunca jamás, institucionalizando una mesa de negociaciones a la que, sostiene, obligó a la oposición a sentarse, aseveración falaz y suficiente para poner fin a la farsa y dejar de socorrer al desahuciado. Y no es que sumemos nuestra voz al coro de la impaciencia. No; es, estrictamente, cuestión de sensatez y hasta de dignidad, porque Nico no respeta acuerdo alguno y se limita a escarnecer a quienes critican su gestión: No tienen la moral, no tienen el proyecto, ellos solo se dedican a la guerra económica y a explotar los efectos de la guerra económica, para tratar que desde ellos, algún día en la avenida Urdaneta, del asfalto nacerá una alfombra roja con flores y pétalos, donde llegará la derecha bajo el aplauso nacional, al poder del país a gobernar. Sigan creyendo oyó.

El retrechero fragmento corresponde al discurso de la desesperación, la congoja y el desamparo: murió el último tiranosaurio y ahora sí es verdad que la gata se encaramó en la batea y Nicolás quedó huérfano de toda orfandad; de allí, el injustificable duelo con que ennegreció al país para que le acompañase en sus sentimientos; un país que se pregunta cómo es posible se le enlute por el fallecimiento de un déspota que en su haber carga con el fusilamiento, acoso, encarcelamiento y extrañamiento de centenares de miles de cubanos, sin contar un patético y deplorable desembarco guerrillero en nuestras costas. No. Los amigos de la MUD deben reestablecer su vínculo de confianza con la ciudadanía y decirle adiós a esa imposible tratativa conciliatoria en la que se enredaron para no desairar al sumo pontífice, máximo hacedor de puentes de la cristiandad (es lo que se desprende de la etimología de su dignidad). Pero hay puentes que ceden a la fatiga y se derrumban estrepitosamente; o, mal calculados, colapsan antes de concluidos. Ambos casos aplican a la situación que hoy, a escasos dos días del término acordado para saber cómo se está batiendo el cobre en un asimétrico y decididamente hipócrita careo (en el que los facilitadores arriman las brasas a la sardina gubernamental) que Maduro, dado al monólogo encadenado, sin recursos oratorios para acreditar veracidad a su prédicas –excretando ditirambos al Castro que se le fue, soslayando cualquier alusión a los sobrinos de su mujer o a la masacre de Barlovento y los 900 cadáveres que, a sus paso por barriadas y poblados, han dejado los gatillos alegres de la OLP–, porque quiere, y cree que puede, procura extender caprichosa y unilateralmente –¡se me quedan sentaditos allí, carajo!–, con argumentos triviales, cual «ataques desde una página web a la moneda nacional» y descabellados propósitos e inverosímiles autodefiniciones: …Esa es una mesa que vamos a institucionalizar en 2017, 2018, 2019 […] somos humanistas y demócratas –¡más respeto a la inteligencia, por favor!

Fidel era astuto, marrullero, socarrón y calculador. Un brillante y hasta genial bribón con atributos y ambición de sobra para liderar a su antojo una nación del Tercer Mundo. Hugo, el venadito que cayó en sus redes, asimiló sus malas artes, su temeridad a la hora de opinar y un desprecio absoluto por la economía. De allí nuestras precariedades e insuficiencias. Maduro no fue precisamente un discípulo aventajado, sino un alumno de cero en materia económica y disciplina administrativa, y no pasa de ser un animal político, no en la acepción aristotélica del concepto, sino en el sentido lato de la palabra animal que, desde luego, lo aleja de todo humanismo. En cuanto a demócrata, a su mandonería los remito. Lo que sin duda no es impostura es su ánimo de dividir a la coalición unitaria, que sí es democrática y él sabe muy bien que es imbecilidad tacharla de «derechista». Lo hace por ignaro y demodé y, claro, a objeto de ganar el tiempo que la oposición pierde en vanos esfuerzos por cosechar frutos fuera de temporada.

No es nada sencillo armonizar, en una plataforma unitaria, los criterios de las veintitantas organizaciones que, de una forma u otra y en mayor o menor grado, quieren que se les oiga y se tomen en cuenta sus ideas, planteamientos y sugerencias –entre ellas grupos que van y vienen de acuerdo a cómo soplen los vientos de la oportunidad–. Menos complicado es torpedear los esfuerzo unificadores, magnificando las discrepancias y disconformidades naturales en una alianza heterogénea, cuyo amalgama homogeneizadora es la decisión de suplantar una anacrónica utopía social, políticamente despótica y económicamente inoperante –basada en el monopolio de la violencia y el colaboracionismo de una alta oficialidad corrompida que deshonra sus compromisos constitucionales y traiciona al pueblo que juró servir y defender– por un modelo democrático, económicamente sano y socialmente justo. Así de simple. En esta dirección lo que está planteado es consolidar la unión y aumentar su base de sustentación. Sí. Sumar para multiplicar y abandonar el intercambio de puntos de vista irreconciliables en relación con la cuadratura del círculo y la inmortalidad del cangrejo… ¡Basta ya de pistoladas! Que de seguir en este registro, puede suceder –como aconteció con los eruditos ortodoxos que se batían por necedades similares y no se percataron de que los muros de la «Reina de las Ciudades» cedían al embate de las tropas turcas– que el Barbudo Celestial nos agarre sin confesar si nos llega a coger el toro.