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Razones de Heinz (Diez guías) AMÉRICO MARTÍN

TalCual Sábado 26 de Octubre de 2013

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Aúllan como poseídos y llaman a eso socialismo —Parafraseando a Goethe

No resultarán sorpresivas las tajantes declaraciones ofrecidas por Heinz Dieterich sobre el destino que avizora para Maduro, ni tienen entera relación con la muerte del caudillo venezolano, puesto que el deslinde intelectual del resonante profesor comenzó en vida del caudillo Chávez. Heinz había sido uno de los autores del flamante “socialismo siglo XXI”, del que pocos ­incluso él- hablan hoy.

2 “Lo que no entiendo es por qué llamas caudillo a Chávez y a Fidel”, me escribió en un intercambio vía correo electrónico que mantuvimos durante alguna semana.

Todo había comenzado con un artículo escrito por mí a propósito del alcance de los anuncios reformistas de Raúl Castro.

Heinz le dio buena importancia a mis comentarios al punto de enviarlos a sus interlocutores revolucionarios de Cuba.

3 “No suelo usar adjetivos” -le respondí- Temo que enturbien lo que se quiera decir.

Hablo de caudillos en términos conceptuales. Son los seres de poder situados por sobre las leyes. Bolívar fue un ilustre e inevitable caudillo porque la independencia rompió el orden jurídico hispánico. San Martín no quiso serlo y por eso optó por un temprano retiro del poder. Digno pero erróneo de su parte.

En el vacío de leyes causado por la victoria revolucionaria, los libertadores fueron al principio la única expresión tangible del inexistente orden jurídico.

Pero como observó nuestro Augusto Mijares, Bolívar fue también el primer anti caudillo puesto que se empeñó en desprenderse de competencias en obsequio a los novedosos Congresos, Constituciones y leyes. Se consagró entre aciertos y desaciertos a trasladar competencias a las nuevas instituciones.

Humano al fin, bien pudo decir como el Fausto de Goethe: “Dos almas -¡ay de mí! se disputan en mi seno: una encendida de amor se apega al mundo; un movimiento sobrenatural arrastra a la otra hacia las altas moradas de nuestros abuelos”

4 Fidel y Chávez son los vademécum del moderno caudillismo militar, cuya vestidura es el socialismo. Al igual que los libertadores, encarnan el Estado, pero a diferencia de ellos no lo despersonalizan; al contrario, usan la fuerza para eternizar la aberración. Creo en el valor humano de Bolívar pero repugno su endiosamiento.

Era un caudillo “a su pesar”, en tanto que estos lo son “a su mandar”.

5 Leo que el MPPE pretende incluir en el curriculum básico nacional el estudio del pensamiento de Chávez. Es propio del totalitarismo el endiosamiento del mandamás, la momificación, el pedestal y la estatuaria. Quizá le otorguen a las ideas del comandante el rango de ciencia. Les parecerá coherente que si Marx y Engels hablaron de socialismo científico, se incorpore el chavismo a las ciencias sociales de curso obligatorio. Lo difícil será descubrir en qué consistió el ideario del caudillo y específicamente lo que sea el socialismo del siglo XXI. Y digo eso pensando en Dieterich, el único que redactó un texto sistemático al respecto. Muchos dragonearon sobre el asunto, pero parece la tarea del indio encontrar dos ideas compatibles entre las muchas del nuevo evangelio. El mérito de Heinz es haberse sumergido en la empresa con pasión y método. Por desgracia se llevó el travesaño con el pie, como él mismo termina por reconocer.

6 Freddy Muñoz y yo escribimos un libro a cuatro manos (Socialismo del Siglo XXI) destinado a revelar la inanidad de la tarea. Es como pelar una cebolla. Una hoja tras otra y al final… vacío, nada. Es una operación lingüística que salta en los islotes de un archipiélago de versiones excluyentes (tercer camino laborista, trotskismo, maoísmo, fidelismo, Cristo, Bolívar, Zamora, Rodríguez ¡qué sé yo!) y de extravagantes experiencias fallidas (autogestión, estatización, fundos zamoranos) Nosotros nunca tomamos en serio el nuevo evangelio bolivariano.

7 A similar conclusión ha llegado Dieterich, tras la misión imposible de aggiornar el socialismo real. Con mucha honestidad intelectual, afirma ahora que Chávez nunca intentó de veras “destruir la burguesía” y por lo tanto no pensó seriamente en el socialismo, salvo para uniformar el lenguaje rítmico de los suyos. La falacia se agotó en un demagógico populismo que ha puesto a Venezuela al borde del abismo.

8 Heinz se vale de expresiones amargas, fruto de su desengaño. Anticipa que el zarandeado gobierno de Maduro no pasará de abril de 2014 en medio de movilizaciones callejeras “dirigidas por Washington”. El exabrupto pueril de atribuir al imperio la magia de las masivas movilizaciones sociales, no le resta importancia al comentario.

9 La política de Maduro y Cabello ­vuelve Dieterich- es un intento surrealista de reavivar el modelo de Hugo Chávez, ya agotado estructuralmente en 2010. Como ese modelo no tenía nada de socialismo, es poco creíble que estos personajes puedan realizar lo que el caudillo evadió. No tienen su estatura, ni la voluntad, ni la ciencia. Tienen los dólares, los tanques, los medios y mayoría parlamentaria, pero carecen de software.

10 A mí no me gustan los pronósticos de esa índole. Son adivinanzas o juicios del tarot, y no lo digo por Heinz sino por quienes nos asaltan en cada esquina para implorar fechas de caducidad. Yo confío en las tendencias y me aferro a la Constitución y las elecciones.

En y con ellas la alternativa democrática ha crecido tan sostenidamente como ha retrocedido el gobierno, especialmente en la singular era madurista.

Cual enseña don Rómulo Gallegos en Pobre Negro, “gota a gota se forman los océanos” Pero ¡hombre! es que jornadas como las de este tiempo no son gotas. Son océanos.