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Santiago Boccanegra CUESTIÓN DE CENSURA
Lunes 14 de Octubre de 2013  |  TalCual

El ataque contra el diario 2001 no es aislado, forma parte del afán de la revolución por controlar los medios independientes. Cada cierto tiempo el Gobierno ­antes con Chávez y ahora con Maduro­ arremete contra la prensa para dar “lecciones”. Cerró RCTV y mermó la crítica en televisión; clausuraron una treintena de radio y la mayoría de las emisoras optaron por volcar su programación al entretenimiento para evitar herir la sensibilidad oficial con alguna opinión diferente. Son formas sutiles de lograr la censura. 

Es grave que Maduro, en componenda con la fiscal Luisa Ortega Díaz, pida “cárcel” para el responsable del titular del diario 2001, que daba cuenta de una realidad: la escasez decombustible en Venezuela. El jefe de Estado parece querer que solo se informe lo que él decida, no en vano también Conatel hace un par de semanas abrió un procedimiento contra Globovisión por emitir un programa donde se narraba la falta de repuestos para vehículos. 

En medio de esto se desempolva el Centro de Estudio Situacional de la Nacional, una vieja pretensión de Chávez de controlar el libre flujo de la información. Lo rebautizan como Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), nada nuevo, pura copia de Maduro a su antecesor. Aunque es un tema al que hay que dedicarle mucha atención, por el peligro que con la discrecionalidad del abuso de poder se pretenda restringir el trabajo de los medios. 

Este Gobierno quiere mantener a los ciudadanos en la ignorancia, pues creen que los venezolanos solo saben de la escasez por los medios y no porque la padecen a diario. Así es con todos los temas que le causan encono a la revolución, pero la realidad traspasa las páginas de los diarios y los noticieros de televisión. 

La prensa tiene, por oficio, la tarea de combatir la censura y eso es una batalla de todos los días. El acceso a la información es, como reza la Constitución y la Convención Americana, underecho humano que no puede quedar a capricho de quienes gobiernan, ni siquiera ante un eventual decreto de estado de excepción.