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SERGIO DAHBAR – Cuando la gente cambia de canal – El Nacional – 1 JUNIO 2013

Este año se cumplen 75 años de la transmisión radioeléctrica de lasupuesta invasión de los marcianos a la Tierra, lanzada al aire por la empresade comunicaciones CBS a las 8:00 pm, el 30 de octubre de 1938. Era una adaptación de La guerra de los mundos(1898), de H. G. Wells.

Muchos políticos demagogos de todo el mundo han aprovechado esteincidente para demonizar medios de comunicación que se exceden y cruzan una línea peligrosa para la sociedad. Y para exigir que sean regulados.

La efemérides resulta apropiada también para darles ánimo a muchosperiodistas que perdieron su trabajo en Venezuela por amenazas, por acoso, porautocensura o porque el Gobierno compró medios para limpiarlos de genteincómoda.

El programa de los domingos del Mercury Theatre antes de esa fecha yahabía trasmitido 16 adaptaciones más: Elconde de Montecristo había sido memorable. El productor era John Houseman;el director, nada menos que Orson Welles; y la adaptación de ese domingo célebrefue realizada por Howard Koch. El programa se rotuló correctamente en su minuto inicial. Pero muchos oyentes no se enteraron.

De acuerdo con encuestas de la época, el programa dominical de MercuryTheatre convocaba a 4% del público de radio, mientras 35% de la audiencia prefería un programa cómico del ventrílocuo Edgar Bergen y su muñeco CharlieMcCarthy, en otro canal.

Pero esas encuestas no valoraban que, cuando el humor bajaba de tono,el público cambiaba de dial para conocer lo que ocurría en las otras bandas. Alas 8:12 de esa noche, el programa de Bergen/McCarthy realizó un intervalo paraincluir a un cantante poco conocido. El desliz fue fatal.

Quienes se movieron hacia CBS descubrieron la alarma marciana en sufuror mesiánico, y, como bien apunta Homero Alsina Thevenet, debieron creerla porque escaparon de sus casas, rezaron e intentaron suicidarse. Esa noche “loshabitantes de las ciudades querían refugiarse en las montañas, mientras que losde las montañas corrían a protegerse en las ciudades”.

Demasiados talentos transfiguraron una dramatización más en unarealidad desesperada. El dominio del ritmo y la pausa de Orson Welles; la inclusión de frases musicales tranquilizantes; la voz idéntica a la delpresidente Roosevelt; la recreación de un testigo que observa los hechos envivo, tal cual como ocurrió cuando el dirigible Hindenberg explotó frente acostas estadounidenses en 1937.

Sobre el Mercury Theatre cayeron múltiples juicios por daños morales ymateriales, pero el contrato de la CBS exoneraba al grupo de toda responsabilidad legal. Los anuncios realizados al principio y al final delprograma eran correctos y no dejaban lugar a dudas. El único reclamo atendidofue el de un campesino que gastó 3,25 dólares en un boleto de autobús para huir.

Había ahorrado esa suma para comprarse zapatos. Los quería negros, 9B.Así se los enviaron. Hollywood se llevó a Houseman, a Koch, a Welles (23 años)y a todo el elenco del Mercury. Los resultados de captarsemejante talento fueron dos películas notables para la historia del cine: Ciudadano Kane y Casablanca.

No hubo acciones legales contra CBS. No procedían: el canal habíaadvertido en la introducción y en el cierre que se trataba de una simulación,realizada por profesionales del teatro. Nadie tenía la culpa de que fueran muy buenos.

La mejor manera de castigar la improvisación, la falta de verificaciónde los hechos y el manejo irresponsable de la información que difunden losmedios, está en poder de las audiencias, que todos los días leen periódicos yrevistas, encienden el televisor, sintonizan la radio o navegan por Internet.Ellos pueden mantener viva una noticia o simplemente ignorarla.

Son las mismas audiencias que un día se cansan de la intolerancia, lacorrupción, las mentiras gubernamentales, la ineficiencia administrativa, y asícomo cambian de canal o de periódico, un día inexplicablemente le dicen adiós aun Estado que se parece demasiado a una película de mafiosos dirigida por unTarantino chapucero.

Y de repente todo lo que parecía inamovible y eterno se convierte en unmal recuerdo en la memoria viva del continente. Como diría sabiamente Tomás Eloy Martínez, los seres humanos se pasan la vida buscando lo que ya han encontrado. ¿Me equivoco?