SERGIO MUÑOZ BATA -García Márquez vs Kissinger
Miércoles 8 de Octubre de 2014 Los Angeles, EEUU | TalCual
Screen Shot 2014-10-08 at 2.50.43 PMScreen Shot 2014-10-08 at 2.52.02 PMEn la visión del mundo del exfuncionario estadounidense América Latina sería totalmente prescindible
EL NUEVO LIBRO DE HENRY KISSINGER WORLD ORDER ES UN RECUENTO DEL DESORDEN MUNDIAL ACTUAL
Defiende el orden y la estabilidad y aborrece la revolución precisamente por su poder desestabilizador

Yo decido con quién me siento a la mesa. Vámonos a otro lado, me dijo Gabriel García Márquez una mañana durante la Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa en Los Ángeles en 1996. Le habían avisado que los Premios Nobel invitados a la reunión, Rigoberta Menchú, Óscar Arias y Henry Kissinger presidirían en la mesa de honor. “No puedo saludar de mano a Kissinger”, me dijo a modo de explicación al ver mi cara de sorpresa.

Del hotel y acompañados por nuestro entrañable amigo el periodista Frank del Olmo, nos fuimos a buscar un CD con 20 diferentes versiones de Guantanamera que nunca encontramos y que yo siempre pensé que era una invención de Gabo hasta que lo descubrí en una tienda en San Juan, Puerto Rico y se lo compré.

Cuando regresé a dejar a Gabo en el hotel, ya Kissinger se había ido de la Asamblea y pensé que la rebelión de Gabo era un capricho del novelista. Le gustaba mucho comer con sus amigos pero le fastidiaba que hubiera invitados “de compromiso”. Luego pensé que como periodista que definía su profesión como “el mejor oficio del mundo”, Gabo se equivocaba evitando oír a Kissinger. Si solo habláramos con almas gemelas los reportajes serían aburridísimos. Hoy que leo las reseñas sobre el último libro de Kissinger entiendo un poco más el rencor que Gabo le guardaba a este hombre que formuló políticas que causaron muchas muertes y muchos pesares en todo el mundo y que fue uno de los participantes clave en el derrocamiento de Salvador Allende, aunque debo admitir que a muchos nos resulta difícil diferenciar entre Pinochet y Fidel Castro, el dictador cubano que fue amigo fraternal de Gabo.

El nuevo libro de Kissinger, World Order, es un recuento del desorden mundial actual y una serie de reflexiones sobre cómo podría ser el futuro. En cierto sentido, este es una prolongación de dos libros anteriores, A World Restored de 1957 y Diplomacy de 1994, pero dada la convulsa situación mundial el libro adquiere mayor relevancia. Sobre todo porque a los 91 años Kissinger no parece haber perdido la lucidez para contarnos su versión de cómo fue que el mundo perdió el rumbo y recomendarnos qué se puede hacer para recuperarlo.

El nuevo desorden mundial, escribe Kissinger, obedece en parte al creciente vacío de poder en el mundo creado por el desmantelamiento del Estado moderno que en el caso de Europa ha sucedido voluntariamente al desarrollarse en la Unión Europea el concepto de la soberanía compartida con el que los países han perdido su protagonismo internacional. En el Medio Oriente, el Estado ha sido devorado por la negligencia dando pie a conflictos sectarios y étnicos, que a menudo son exacerbados por las potencias extranjeras.

China e India avanzan a ocupar un liderazgo más prominente en el mundo pero todavía no están ahí. La Rusia de Vladimir Putin mantiene las mismas aspiraciones imperiales que tuvo con Pedro el Grande, y todo el mundo percibe, correctamente, que en Estados Unidos hay menos voluntad y menos poder para dictar el nuevo orden mundial o para imponer su voluntad en los organismos multilaterales.
LA DESESTABILIZACIÓN Aunque Kissinger es muy benévolo en su tratamiento de George W. Bush, y su apoyo a la invasión de Irak fue público y notorio, en este libro admite que se cometió un grave error de cálculo pues la invasión carecía de suficiente apoyo en Estados Unidos y en Irak. De ahí que esta aventura, al igual que la de Vietnam, tuviera que terminar en una salida apresurada de las tropas norteamericanas.

También señala que la cautela de Barack Obama no llena el vacío de liderazgo aunque no critica directamente al Presidente.

A mi juicio, sin embargo, los balbuceos sobre qué hacer en Siria o las omisiones de los servicios de inteligencia para detectar nuevos peligros como en el caso del Ejército del Estado Islámico son factores que muestran cómo cada vez más difícil para Estados Unidos formular estrategias que restablezcan su papel como nación indispensable.

Así las cosas, Kissinger apunta que en este mundo dividido en esferas regionales de influencia, en el futuro Estados Unidos tendrá que escoger con quién se asocia para defender sus intereses buscando siempre equilibrios de poder para estabilizar al mundo. Fiel a su conservadurismo, Kissinger defiende el orden y la estabilidad y aborrece la revolución precisamente por su poder desestabilizador.

El problema, sin embargo, es que la desestabilización no la propician solamente los revolucionarios. ¿No fue desestabilizadora la guerra sucia en América del Sur que Kissinger alentó? ¿No perturba el orden constitucional colaborar en el golpe de Estado que derribó el gobierno de Salvador Allende? ¿No altera el orden planear un ataque a Cuba para “darle una paliza” a los cubanos por aire, mar y tierra, como Kissinger planeó en 1976 y recién acaba de revelar el New York Times? El problema de fondo no es solo la doble personalidad del vocero del orden estabilizador. El gran inconveniente con la visión del mundo que Kissinger propone y con la que García Márquez jamás estaría de acuerdo es que en este esquema de cosas América Latina, incluyendo a Brasil, no existe, es decir, es totalmente prescindible.