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TIEMPO DE PALABRA | CARLOS BLANCO | EL UNIVERSAL domingo 29 de septiembre de 2013

No ir a la ONU, en la ciudad más cuidada, es muestra de pánico, por el obvio derrumbe

Precipitaciones copiosas
Aunque no sea así, digamos, para efectos de argumentación, que Maduro preside un gobierno. Al lado de esta ficción, combínense la tasa de asesinatos diarios con la inflación, la asfixiante escasez con la basura en las calles, el narcotráfico por toneladas con la rebelión ciudadana, la disolución progresiva del PSUV con el afán de mercadear votos parlamentarios. Con estos ingredientes se tienen elementos suficientes para asegurar que el país ni puede seguir así, ni va a seguir así.

La última ocurrencia de Nicolás al no asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas porque corría peligro, es representativa de una calamidad política y personal. No ir al foro mundial por excelencia, en la ciudad más cuidada del sistema solar, en virtud de la concentración de mandatarios y ministros, arguyendo “peligros”, es una sólida muestra de pánico sin que se encuentren otras razones que no sean las del obvio derrumbe. Los balbuceos explicativos, que si el avión podía ser embargado, que si lo querían matar, que si Roger Noriega y Otto Reich tenían preparada unas locuras, que si los cubanos del G2 podían ser encanados, son expresión de miedo y soledad. Tal vez lo único cierto sea que en Washington querían conocer más de cerca a miembros de la abultada comitiva, habitués de las listas del Departamento del Tesoro por deslices en materia de narcolavado. ¡Ah, las listas! ¡Qué malas son! ¡Ay Maisanta!

Se aproxima una nueva etapa de la transición. Es posible que sectores que han apoyado a Chávez y otros que lo han adversado, confluyan en un replanteamiento de la situación. Hasta se puede pensar en que la contribución de Nicolás sería su renuncia, en vez de seguir con la tozudez de mantenerse en un cargo que no ejerce, que no se ganó y que todo intento de desempeñarlo conduce a creciente calamidad pública. Nadie sabe cómo ni cuándo será esa fase de la transición; pero es inevitable, dada la debilidad terminal de la fantasía bolivariana. Si ocurre, cuestiones como las que siguen, deberían plantearse.

LOS CAMBIOS QUE VENDRÁN. La reconstrucción institucional es esencial. Con seguridad en una etapa de transición algunas de las autoridades actuales se avendrán a cambios inevitables, incluidos aquéllos que tal vez impliquen sus propias remociones, eso sí pacíficas, constitucionales y democráticas. También electorales, según los casos. Varias instituciones tiene que ser objeto de fortalecimiento inmediato: la Fuerza Armada, Pdvsa y el BCV, instrumentos esenciales para garantizar la soberanía nacional, territorial, financiera y económica.

En la Fuerza Armada hay suficientes reservas profesionales y éticas como para buscar su recomposición y volver a colocarla al servicio de la Nación. Aunque hay muchos que culpan a la FAN de lo que acontece, la verdad es que ha sido una institución tan avasallada como el resto. Los militares institucionales también necesitan defenderse del militarismo. En Pdvsa es obvio que habrá que redirigirla para, en primer lugar, expulsar a los mercaderes del templo no sin antes esculcarles los bolsillos, y analizar hasta dónde es posible su recuperación mientras se evalúan los nuevos esquemas petroleros, con intervención del sector privado nacional e internacional en empresas competitivas independientes. El BCV, convertido en perro faldero del Ejecutivo por voluntad de su Directorio, deberá recuperar su autonomía; por fortuna en sus filas profesionales hay mucha gente competente que deberá ser la base del cambio en el BCV.

Para la redención democrática y las nuevas elecciones presidenciales es indispensable que el cambio de los rectores del CNE con sus períodos vencidos tenga lugar, con figuras que garanticen a todos los eventuales participantes y a la sociedad en general que la época oscura de los fraudes será superada. No sin antes decir que los jefes son los que le dan cobertura al fraude mientras los ejecutores materiales están agazapados dentro de la estructura del organismo. Figuras respetables inspirarían la requerida confianza inicial para la vuelta a la democracia.

Cambiar el Tribunal Supremo del Horror es la pieza básica para la transición hacia un poder judicial decente e independiente. Se cuela que hay magistrados que están en disposición de replantearse su relación con el gobierno; dicen que se quitarán la toga roja para luego procurar un cierto manejo honrado de los asuntos jurisdiccionales; también se habla de magistrados que ya piensan en renuncias, jubilaciones y discretas retiradas, diríase que no en el estilo reptante de Eladio Aponte Aponte, pero sí en tono “colaborador”. Varios magistrados otean, inquietos, el porvenir. Ya se verá.

Una distinción que ahora puede ser sutil será clave para el futuro: la de los partidarios de Chávez y la de los partidarios (se sospecha que debe haberlos) de Nicolás Maduro. Cierto que la mayoría de los gobernadores ha sido chavista (incluidos dos de los tres gobernadores de la oposición), pero ninguno se corta las venas por Nicolás. De manera que podría decirse que la mayoría de los gobernadores pudiera contribuir a una transición suave. Idéntico alegato cabe en relación a un 40% de los parlamentarios rojos, ahora silenciosos.

Con los gobernadores y alcaldes debería retomarse la descentralización de manera inmediata. Esto puede hacerse siempre y cuando haya amplios canales de participación de la sociedad civil, como instrumento privilegiado para retornar a la democracia, generar transparencia y contribuir a un ambiente de confianza en lo público, ahora inexistente.

Las políticas económicas tendrán que experimentar una transición con el apoyo financiero de los organismos multilaterales. Lo primero que hay que hacer es abrir la caja de caudales para saber cuánto hay, dónde y quién tiene los reales. Lo central no será tanto lo que hay que hacer sino las secuencias y los ritmos. Después de los años en los que la economía ha estado dirigida por Walter Raleigh, el Capitán Garfio y Rasputín, el Monje Loco, la llegada de economistas competentes sería un verdadero alivio. Nadie podrá evitar los dolores del cambio, pero tendrán un sentido creador opuesto al de la ruina actual. También será tiempo de oír los cursos online que dictarán boliburgueses y bolichicos sobre cómo ser millonarios en 3 meses.

Especial atención merecerá la situación de empobrecimiento y desigualdad que hoy alimenta la rebelión generalizada, aunque parezca de baja intensidad. Deberá iniciarse un cambio gigantesco en el cual los programas sociales tengan el propósito de liberar y no de someter. La política social será base de la gobernabilidad de corto plazo en la transición.

Huele a tempestad. “Los de abajo no quieren y los de arriba no pueden”. Se aproxima el tiempo de la libertad y el de la ilusión de construir Venezuela entre todos. Vamos a entrar en la posguerra ojalá que sin más guerra.

@carlosblancog