TOTO AGUERREVERE @totoaguerrevere | Gustavo Dudamel: que lo llamen apolítico
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La ambivalencia del director es apenas una de sus cualidades

Que de cuerdas afinadas y Mahler sí que sabe

Quiso aclarar con un artículo de prensa sus posturas políticas y más bien se oscureció

El tiro por la culata por hacer una gracia

Sus seguidores aún se preguntan quién es Gustavo Dudamel cuando de ideologías revolucionarias se trata

En un hito fastuoso para la música venezolana: la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y la Filarmónica de Los Ángeles se han unido bajo la conducción y oído y movimientos de Gustavo Dudamel para tocar las nueve sinfonías de Beethoven en la ciudad de Los Ángeles. Sin duda será una serie de conciertos memorables los cuales traen a colación el éxito del Sistema Nacional de Orquestas.

Sobre el tapete, sin embargo, se encuentra en discusión un artículo de opinión escrito por Gustavo Dudamel publicado el martes 29 de septiembre de 2015 en el diario Los Angeles Times titulado: ¿Por qué no hablo de política?. Allí el hombre del pelo en revolución —sus rulos son imagen— explica las razones por las que jamás se ha pronunciado públicamente sobre el tema.

Consciente de que estos conciertos puedan crear un lugar para la protesta en contra o a favor de las políticas del gobierno de Venezuela, como ha sucedido en el pasado, Dudamel escribe. Muchos han tratado de definirme a mí y a mis creencias políticas, o decirme lo que debo creer. Ahora quiero hablar por mí mismo. Justo en esta aclaratoria radica el problema. Nunca habló por él en todo el artículo.

Confiesa no ser político ni activista, como tampoco se muestra adepto de ningún bando. Es cierto, Dudamel jamás ha participado en un evento propio de algún partido en el país sino en actos oficiales del Gobierno Nacional. Pero lo que no dice es que El Sistema pertenece al Estado y no al gobierno. Entonces, ¿puede el gobernador de Miranda contratar a Gustavo Dudamel para que toque en un concierto benéfico para los mirandinos de la misma manera que lo contrata el presidente de la República o el alcalde del municipio Libertador? ¿Por qué no lo explicó?

Gustavo Dudamel puede decir creerse absolutamente imparcial. Pero es difícil olvidar su presencia en momentos de tensión. Basta recordar que fue su imagen lo primero que mostró TVES al inaugurarse esa planta televisiva cuando cerró Radio Caracas Televisión (RCTV). Fue su batuta la que se movió en el funeral del expresidente Chávez. Fue un concierto suyo el que sonó en cadena nacional aquel 12 de febrero de 2014 cuando el país estaba incendiado por las protestas estudiantiles. Imparcial es decir que ha podido conducir en todas estas ocasiones, como de hecho lo hizo, pero también que ha podido no hacerlo. ¿Sabe el maestro Dudamel que la Constitución Nacional le ampara el derecho de expresión?

El temor de Dudamel es que de adoptar una postura política se politizaría, por extensión, “El Sistema”. Es aquí en donde estoy en desacuerdo con él. Que solo la imagen de Hugo Chávez haya salido de fondo en el concierto que Venezuela le regaló a la Organización de Naciones Unidas con motivo de su 70° aniversario, es prueba de que “El Sistema” ya está politizado. Si El Sistema ha sido apoyado, como dice Dudamel en su artículo, por todos los gobiernos desde que fuera fundado en 1975, ¿por qué tiene que salir un presidente en específico? Es más, ¿por qué tiene que salir un presidente? Si acaso, ¿por qué no sale una imagen del maestro Abreu? ¿De los jóvenes? ¿De la obra?

Para mí, Gustavo Dudamel no dice su posición política porque no tiene que hacerlo y punto. El Gobierno sabe que de momento es irremplazable. Hay un solo Gustavo Dudamel. Yo solo espero que él no crea que vaya a haber un solo Gobierno. Nadie puede realmente levantar una batuta de esperanza cuando su música es escuchada en cadena nacional y creer que eso es libertad. Nadie que produzca una nota tan espectacular puede pretender que su silencio sea opacado. “No confundan mi falta de postura política con falta de compasión o ideales”, dice al final de su texto. No creo que sea falta de compasión o ideales. Con toda sinceridad, yo creo que más bien es falta de bolas.

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Gustavo Dudamel: Why I don’t talk Venezuelan politics

My two musical families, the Los Angeles Philharmonic and the Simón Bolívar Symphony Orchestra of Venezuela, will unite to play the complete symphonies of Beethoven starting Tuesday. This collaboration is thrilling for me on a personal level, and it will honor Latino pride, presence, history and power in my adopted home of Los Angeles.

But as wonderful as the moment is, I am not naive about the political stage these performances might create. It is possible that protesters will attempt to use the concerts to signal their support for or opposition to government policies in Venezuela.

As a Venezuelan and a public person, I often end up in the center of such political theater. Because I have been reluctant to speak out on events in my home country, I have been much criticized. Many have tried to define me and my political beliefs, or to tell me what I ought to believe. Now I wish to speak for myself.

I am neither a politician nor an activist. Although I am aware that even something as benign as conducting an orchestra may have deep political ramifications, I will not publicly take a political position or align myself with one point of view or one party in Venezuela or in the United States.

People want to know where my heart is. I deeply respect peaceful protest. I am profoundly moved by the protesters here and in Venezuela; I feel their passion and I hear their voices. But I do not agree with them on every issue. At the same time, I have respect for Venezuela’s leaders and the offices they hold, although, again, I do not agree with every decision they make.

Let me provide some perspective. I am the product of El Sistema, the government-financed music education program started in 1975 by my mentor, José Antonio Abreu. It provides free classical music training for Venezuela’s children while promoting human dignity, opportunity and development. It is important to note that every Venezuelan government since 1975 has supported El Sistema, and that the current government has increased the program’s reach in the last three years. Now, more than 700,000 children a year are part of El Sistema, up from 500,000.

Everything that I am and everything that I have achieved is a direct result of my participation in El Sistema and the steadfast mentoring of Maestro Abreu. El Sistema instilled in me what I stand for today: equality, fairness and opportunity.Screen Shot 2015-10-02 at 10.31.39 AM

In El Sistema’s orchestras, the son of an opposition leader and the daughter of a government minister may sit next to each other creating beautiful music. In that moment, they know no politics. They are not defined by their differences; they are defined by what they share — a passion for great music.

If I aligned myself with one political philosophy or another, then, by extension, I could also politicize El Sistema. That might turn a revered and successful program into a political punching bag and make it much more vulnerable to political whims. El Sistema is far too important to subject to everyday political discourse and battles. It must remain above the fray.

To those who believe I have been silent too long, I say this: Do not mistake my lack of political posturing for a lack of compassion or beliefs.

So often the world is divided by what we disagree about. Maybe I’m an idealist, but I imagine a world defined by what we have in common. The gifted musicians I have the honor of conducting are a metaphor for what talent, unity and hope can achieve.

My music is my voice, and my orchestras play for all people of the world who seek a better future. I raise my baton for opportunity, unity and hope. Listen carefully and perhaps you will hear it too.

Gustavo Dudamel is music and artistic director of the Los Angeles Philharmonic, and music director of the Simón Bolívar Symphony Orchestra of Venezuela.