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@vjmc Víctor Maldonado Contreras —La gran devaluación

El socialismo es un fraude continuado. Cuando el presidente Chávez impuso el control de cambios lo hizo porque ese era el camino para (1) defender la estabilidad del signo monetario (2) garantizar la soberanía alimentaria (3) evitar la fuga de capitales. Ninguno de los tres objetivos de política se han logrado, y sin embargo lo que debió ser un medio se ha convertido en uno de los fines del estado socialista. Llegó para quedarse, y ahora sabemos por qué. Porque el control de divisas facilitó la apropiación indebida de la renta petrolera y evitó que el gobierno debiera rendir cuentas sobre la inmensa fortuna que ha manejado. Eso sí, al precio de vivir con la inflación más alta del mundo, con la escasez más inexplicable del hemisferio y con la fuga de capitales más asombrosa, patrocinadora tal vez de las fortunas más enigmáticas del siglo XXI.

El SICAD II es el tercer tramo de una política de control de divisas que luce totalmente descontrolada. Ya sabemos que no sirve a los propósitos para los cuales fue impuesta. Pero hay otras consecuencias que todavía son peores. Impiden el cálculo económico, hacen imposible la gestión de la empresa, obstaculiza la sana competencia y provoca de entrada que unos sean ganadores netos mientras otros llevan las de perder. Los actores económicos se enfrentan a tres opciones. La primera, un conveniente tipo de cambio a 6,30. La segunda, que te cuesta 1,82 veces más. Y la tercera por la que tienes que pagar 8 veces el cambio I y 4,51 veces el cambio II. La trama es perversa porque los que tienen acceso al régimen más preferencial de divisas van a competir con más holgura que aquellos que no pueden hacerlo. Y hay una razón más siniestra: hay demasiados incentivos para la corrupción porque están dadas todas las condiciones para hacer negocios con las divisas. Muy fácil.

Alguien recibe 1.000 dólares al tipo de cambio de 6,30 Bs. Esa transacción implicó invertir 6.300,00 Bs. Al recibir los dólares se coloca en el mercado paralelo y consigue 70.000,00 Bs. por los mismos 1.000 dólares por los que tuvo que pagar mucho menos. Con esos bolívares puede volver al primer tipo de cambio y conseguir 11.111,00 dólares.  Y si la suerte no es tan grande, en el segundo tramo obtener 6.194,69 dólares. E incluso, con la peor de las suertes, con el SICAD II, lograr 400 dólares de ganancia. La perversión oscilará entre el 40% de los menos eficaces y el 1.111% de los más vivos. Contra eso no hay sistemas de vigilancia que pueda funcionar y sería iluso pensar que no haya quien quiera y pueda aprovecharse. Tal vez los mismos que ahora componen esa nebulosa clase que llaman “boliburguesía”, que esté en todas partes aunque por ahora resulten inaprehensibles gracias a la impunidad y opacidad que caracteriza al régimen.

Lo mismo ocurre con las empresas y sus productos. Estos cambios provocan competencia desleal y envilecen lo poco que queda del sistema de mercado. Imaginemos un producto importado que cueste 1 dólar. Tres empresas  con diferente tipo de acceso podrán ofrecer el mismo bien a tres precios diferentes. Una de ellas a 6,30 Bs., otra a 11,50, la tercera a 51,00 Bs. y una pyme probablemente a 70 Bs. La diferencia de precios no es el producto de la sana competencia sino de lo contrario. Del acceso arbitrario que unas y otras tuvieron a un régimen de control de cambios hecho para ocasionar problemas y no para resolverlos. El gobierno pretende que las empresas calculen sus costos al precio promedio ponderado del dólar, pero eso es una fantasía matemática. Supongamos que ese promedio sea 16,54 Bs./dólar. Las empresas que operaron con los primeros dos tramos tendrán holguras y el resto venderá con pérdidas.

Porque no hay que olvidar que la política económica del socialismo del siglo XXI es algo más que su régimen cambiario. También la integran otras legislaciones entre las cuales resalta la ley de precios justos. Con esa ley el régimen pretende negar la realidad y suprimir costos aun cuando ellos hayan sido causados. En este aspecto el gobierno gusta más de unos rubros y detesta otros. A fin de cuentas, el socialismo es autoritario y simplificador. Pero ¿qué va a pasar con las empresas cuyas estructuras de costos se funden en el dólar paralelo? Lo que ocurrió hasta hace poco es que el régimen no reconoció esos costos y negó la posibilidad de colocar precios apropiados. Esa misma ley pretende la congelación de precios de muchos productos y la supresión de todas aquellas empresas que quieran desafiar la insensatez de vender a pérdida. Nadie puede llamarse a engaño. Este régimen no ha desarmado el cadalso legal y tampoco ha pasado a retiro a su staff  de verdugos económicos, dispuestos siempre para la perdición de la empresa privada, estimulados por el odio ideológico y la posibilidad de llevar adelante los negocios de la extorsión y el chantaje.

Este nuevo SICAD II es un cuchillo de doble filo, agravado por un gobierno que no cumple su palabra, se contradice con facilidad y usa a destajo las ventajas de un poder judicial sumiso.

Lo cierto es que es tan amenazante el precio político de la escasez que el gobierno ha llamado a productores y comercializadores a subir los precios. Eso sí, hechos los locos, sin pasarlos por gaceta, al margen de su propio ordenamiento, lo que agrava aún más esa imposibilidad que aludíamos de ver el largo plazo y tener alguna seguridad sobre el porvenir. Este gobierno militar está concediendo algunos beneficios tácticos, una especie de tregua, mientras buscan fortalecerse un poco, pasar la dentera, y seguir adelante con la trama, prevista al detalle en ese adefesio llamado “plan de la patria”.

¿Y la gente? La gente sufrirá en sus bolsillos tamaña estupidez. Porque por más que lo niegue el gobierno, aquí ha ocurrido una devaluación tan grande que descoloca los bolsillos de cualquiera, aun los más robustos. La gente pobre sentirá una carga de privaciones que puede llegar a ser insoportable, porque de un día para otro, cualquier ingreso por sueldos y salarios ha dejado de tener sentido económico. Ha llegado la hora de saber si es genuina toda esa lealtad que gritan en concentraciones y auditorios. Vamos a ver si es cierto eso de que la revolución y la patria son más importantes que las condiciones de vida, o si por el contrario, descubren las consecuencias irreversibles de esta estafa continuada y comienza otra época de desengaños políticos que cada cierto tiempo arrasa con todo e intenta comenzar de nuevo.